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Cultura, El Grado

“Las variedades de la lengua española se entienden bien mutuamente, no romperán el idioma”

Desde 1931 no se publicaba una Gramática de la Lengua Española, de ahí la importancia de este acontecimiento. «Me enorgullezco especialmente porque la Academia Chilena tuvo la iniciativa en 1998 de promover la publicación de esta nueva Gramática», dice Matus. La idea era antigua, pero cuajó en ese momento al proponer como ejecutora del proyecto a la Asociación de las Academias, compuesta por la española, las 19 hispanoamericanas, la estadounidense y la filipina. «Eso ha permitido que la nueva Gramática sea verdaderamente panhispánica y fruto de un trabajo común».

Alfredo Matus en Torreciudad. Foto S.E.El acto de presentación, al que asistieron más de 600 personalidades del mundo de la cultura, resultó muy emotivo. «El Rey quedó conmovido cuando el director de la Real Academia de la Lengua Española, Víctor García de la Concha, le hizo entrega de los dos volúmenes firmados por todos nosotros, los 22 directores de las academias». Y es que el resultado final compone más de 4.000 páginas, aunque ya está anunciada una edición manual más manejable que se presentará precisamente en Chile el próximo mes de marzo, en el 5º Congreso Internacional de la Lengua Española.

Matus es un convencido de la política panhispánica que se promueve desde la Asociación de las Academias, de modo que los grandes códigos (ortográfico, lexicográfico…) aseguren la unidad en la diversidad de la lengua española: «Va a publicarse ahora un Diccionario de Americanismos por primera vez en la historia, con todo el léxico diferencial hispanoamericano, que es riquísimo». Piensa que este ejemplo ilustra cómo el idioma español puede denominarse simplex: «las variedades dialectales no impiden la comprensión rápida entre los hablantes, que se entienden bien mutuamente. Eso le proporciona una gran potencia, no hay riesgo de fragmentación como ocurrió con el latín. Otros idiomas en cambio, como el hindi, el chino o el árabe, están muy dialectizados, tienen variedades que sí llegan a impedir el entendimiento, y por eso se califican como complex, constituyen verdaderas familias lingüísticas».

Alfredo Matus en el órgano de Torreciudad. Foto S.E.En su visita al santuario de Torreciudad tuvo ocasión de participar en un acto de culto y de tocar el órgano de 4.072 tubos ubicado en la iglesia. «La de organista es mi segunda pasión, y mi vocación frustrada». Matus entiende que la espiritualidad es un lenguaje universal que permite salvar las fronteras idiomáticas, y subraya la capacidad comunicativa de la liturgia católica: «La he sentido profundamente aquí en el santuario, en la Bendición con el Santísimo Sacramento: Cristo puesto en la custodia presidiendo la ceremonia, con el incienso, la iluminación focalizada, el acompañamiento del órgano… No puede olvidarse que lo sensible es la puerta para el entendimiento. Además, me ha gustado mucho ver cómo un centro de peregrinaciones mariano mantiene así vivo el sentido cristológico de la experiencia de la fe».

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