Alquézar, Sociedad

Radiquero reivindica la tradición en la Noche de las Ánimas frente a Halloween

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Un grupo de niños con sus calabazas. JLP.

Mientras en muchas localidades altoaragonesas los niños participaban ayer en fiestas de Halloween vestidos con terroríficos disfraces y pidiendo caramelos y dulces, en una pequeña población de la sierra de Guara se resisten a la invasión cultural anglosajona exhibiendo una tradición propia del Somontano y que año a año se revitaliza y se convierte en un reclamo turístico.
Los 40 vecinos de Radiquero ven cada sábado más próximo al Día de Difuntos como sus calles se pueblan de cientos de niños con sus padres que portan una calabaza convertida en una calavera iluminada que previamente han diseñado con sus propias manos. Pero eso sí, sin disfrazar, porque como recuerdan desde la asociación cultural O Coronazo: ‘Esto no es Halloween. Ven sin disfraz’. Es la Noche de las Ánimas, una tradición arraigada entre los niños de la cuenca del Vero al llegar el 1 de noviembre.

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Taller de almetas y totones. JLP.
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Una niña deposita una calabaza en la plaza de la Iglesia. JLP.
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Vaciado de calabazas. JLP.

Todo empezó a comienzos del presente siglo, cuando desde la asociación cultural de Radiquero comprobaban como la fiesta de Halloween amenazaba con dejar en el olvido la tradicional Noche de Ánimas. “Empezamos en 2002 porque vimos que nuestros abuelos vaciaban las calabazas desde siempre y a final del siglo XX a los críos sólo les interesaba Halloween. Después de investigar descubrimos que la Noche de Ánimas es el origen de esa fiesta celta que se importó a EE.UU y ahora regresa en forma de Halloween y decidimos recuperar la tradición”, explica Pablo Calahorra, de la asociación O Coronazo.
Catorce años después, la Noche de Ánimas atrae a Radiquero a cerca de mil personas cada puente de Todos Los Santos que llenan los establecimientos del entorno. Por su impacto en la zona pero sobre todo por preservar este legado inmaterial, la asociación cultural trabaja para que el próximo año el Gobierno de Aragón la pueda declarar como Fiesta de Interés Turístico Regional.
La fiesta comienza por la tarde con el vaciado de calabazas y la decoración con siniestros ojos y dientes. En el hueco resultante se coloca una vela y tras la merienda, a base de chocolate con torta, los niños se agolpan bajo el balcón para, al caer la noche, escuchar las ‘charradas’ de Doña Severa, una entrañable anciana que recuerda las tradiciones funerarias del lugar. También advierte de la presencia de las ‘almetas’ y ‘totones’, almas en pena que para su eterno descanso deben de llegar al campo santo. Esa es la misión de las calabazas iluminadas, mostrar el camino al cementerio. Por ello los portales y ventanas de Radiquero se decoran con estos singulares farolillos, y los niños los portan hasta el cementerio para conducir a estos difuntos errantes.
De regreso al pueblo, Sandra Araguás se encarga de poner el broche de la Noche de las Ánimas con una sesión de cuenta cuentos de terror en la iglesia. “No se trata de dar miedo, si no de que se mantengan las tradiciones y que los críos diferencien entre una fiesta que ha venido de fuera y una tradición que se ha mantenido en el Somontano”, afirma la folclorista.
La fiesta sorprende a quienes la conocen por primera vez. Fue el caso de Montse Morcate, de Casbas de Huesca. “Hemos ido a comer a Alquézar y hemos visto el cartel y hemos decidido venir. He cogido la última calabaza y me parece muy bien esta fiesta. El año que viene repetimos”, señala.
Lo mismo le ocurrió a Patricia Calvo que vino con sus dos niñas de Aínsa: “Hemos venido buscando una celebración tradicional de estas fechas. Cuando le dije a mis hijas que no se podían disfrazar no les pareció bien, pero están encantadas porque han hecho manualidades y comido chocolate”.

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