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Opinión

Conmigo o contra mi

Por Javier Hernández
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Siempre me ha llamado la atención la manía que tienen algunos políticos de basar su defensa ante una acusación en convertirla en un ataque personal y repartir de la culpa entre todos sus afines.

Debutó con esta táctica, si mal no recuerdo hace más de treinta años, el, por entonces, Honorable Jordi Pujol, quien, ante las acusaciones por el caso de Banca Catalana, afirmaba sin rubor que atacarle a él por este caso, era atacar a la mismísima Cataluña y por extensión, a todos los catalanes. Ahí queda eso.

Es una conducta que los catalanes, en estos tiempos actuales los independentistas, se han aprendido de memoria. No es para menos, viendo los buenos resultados que da.

Pero como en muchas otras cosas, no somos originales ni únicos, porque este reparto solidario de la culpa es añejo, internacional y ampliamente usado.

Los dictadores de Corea del Norte, por ejemplo, tienen esta táctica entre sus favoritas para conseguir subyugar y amedrentar a su pueblo al tiempo que les crean una falsa sensación de patriotismo en la autodefensa ante una amenaza exterior que no existiría si su líder supremo no fuese un cafre perteneciente a una monarquía comunista cruel y despiadada que los trata como a tontos, y me quedo corto.

Recientemente, Cristina Fernández de Kirchner se preguntaba públicamente si, frente a unas acusaciones de asociación ilícita por las que se le pretende procesar, se iba también a procesar a todos sus votantes y clamaba contra un “plan criminal” orquestado en su contra. Otra lista del bote.

El argumento se repite. No es una acusación contra mí, es contra mi pueblo y mi país, contra nuestra identidad social e histórica (si no la hay, se inventa) así que, quien me ataca a mí, os ataca a vosotros.

Sencillo.

No pretendo perderme en ejemplos de lo que digo, que los hay, porque el verdadero problema, es la falta de una respuesta igual de contundente a la falacia.

Nadie les dice a estos personajes que quienes les votan o mueven los hilos para que acaben ocupando el cargo, no lo hicieron para que su gestión fuese finalmente meter la mano en la caja y llevarles a la ruina o al apocalipsis social y financiero impunemente, sino para administrar eficazmente los destinos de un país o región y que, por lo tanto, no pueden responder solidaria o mancomunadamente de los torticeos particulares o malas gestiones políticas de quienes pretenden endosarles parte de una culpa que no tienen.

Basta ya de convertir al pueblo en cómplice de un acto que no ha cometido transformándolo, al mismo tiempo, en víctima de los disparates del felón de turno que les gobierna bajo el pretexto de que es un ataque contra todos, porque no lo es.

De hecho, no es ni siquiera un ataque personal, es una denuncia o una acusación formal y judicial contra hechos que revisten caracteres de un delito o falta de libro y cometidos por listos que fabrican su impunidad revestida de populismo.

Vivimos tiempos difíciles como para cargar con los pecados de otros que no pretenden más que socializar una culpa de cuyos beneficios no pensaban hacernos partícipes, ni falta que hacía. Les bastaba con ser honrados.

Eso es tratarnos como a tontos. Dejar que sigan haciéndolo es tratarnos como a tontos.

Y ya lo que nos faltaba.


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2 Comments

  1. Javier, me ha gustado mucho tu artículo y…leyéndolo, me ha venido a la memoria el mantra que repetían muchos políticos cuando estalló la crisis con la extrema virulencia a la que ninguno hubiéramos podido poner rostro: “-Es que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades…”. Según esos políticos, todos éramos partícipes de los derroches, de la burbuja, de los concursos de acreedores, de la ruina de los bancos, de…… vamos, que como dices tú, ellos decían eso porque estaban convencidos de algo…: ¡-De que todos somos imbéciles…!

  2. Esto que comentas guarda relación con lo que en la lógica se conoce como argumento ad homine m. Que es algo que, por cierto, nos persigue como una sombra a quienes somos “de la drecha”…
    https://es.m.wikipedia.org/wiki/Argumento_ad_hominem
    Sobre el caso Banca Catalana un tío mío estuvo en la asamblea de accionistas donde al vicepresidente del Banco de España le tendieron la trampa de acusarle de ir contra Cataluña, al proponer pedir responsabilidades a Pujol; acusación orquestada mediante varias intervenciones coordinadas de dos o tres “accionistas-actrices” entrenadas para tal menester. Cuando me lo cuenta alucino en colores…

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