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Naval, Sociedad

Pilar Buetas alcanza los 104 años en su Naval natal

Es la tercera anciana de más edad del Somontano
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Pilar Buetas. Ángel Huguet.

Pilar Buetas (Naval, 28 enero 1913) ha cumplido 104 años a ritmo de jotas -“le dí un besito al Jalón y al pasar por el Pilar” -como las que cantó con buen tono y mejor humor al final de la entrevista realizada Casa Atóriz, en Naval. En el censo de longevidad del Somontano es la tercera por “derechos adquiridos” detrás de Lucía Lacoma (105) y Serafina Andreu (104) entre diecinueve personas centenarias que suman, en conjunto, 1.925 años.

Presume de hijas con motivo sobrado porque Nieves y Pilar la llevan “en palmetas” solo hay que verlas al lado de ella cuando se pone el abrigo de piel, “lo sacaré para ir a misa”. José Luis y Jesús, sus dos hijos, residentes fuera de Naval, han vuelto a casa para celebrar el cumpleaños en una ceremonia y fiesta familiar con cerca de 40 personas.

“O sea que me ves guapa ¿eh?…. todos los días me levanto de buen humor, no es necesario que cumpla 104 años pero me caen a gusto. Claro que me parece bien esta edad… ya sé que no es muy habitual. De momento, lo celebramos y el año que viene Dios dirá. Además, ¿qué vas a hacer?… pues dar gracias a Dios y estar contenta”. El “secreto” de su longevidad es sencillo, “me cuidan muy bien y en casa de alfareros ya se sabe… se trabaja con barro pero tenemos salud de hierro (risas)”.

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Pilar con su hija en el puesto de cerámica de su nieto David Echevarría durante la feria de Naval. Ángel Huguet.

Un día en la vida cotidiana de Pilar comienza a media mañana, “a las once, sin prisas, para estar con las hijas, hablamos y vemos la televisión. A veces, les canto alguna jota para animar el ambiente. ¿Qué vas a hacer?…. cantar, comer y disfrutar de la vida familiar”. De apetito, bien “como de todo y no hay nada que no me guste. Esa palabra no existe en mi vida. El vino pasa bien, a sorbos pequeños para acompañar la comida”.

Exclamación espontánea, “¡ohhhh, qué viejeta soy!… claro, como no hago nada, con vivir ya es suficiente. Vamos cada domingo a misa sin necesidad de cumplir años pero con más motivo para dar gracias a Dios. Mi marido José, era alfarero y falleció joven con 42 años, le recordaremos en especial. Sacamos la familia adelante porque me quedé con cuatro hijos y mi suegro con 92 años. De todo se sale”…

En el paseo cotidiano por las calles de Naval -salvo mal tiempo- no falta la visita al taller de cerámica de su nieto David que ha seguido los pasos de su padre Eduardo de quien aprendió buenos oficios, “claro que entramos a verlo y cada día, cuando me levanto, pregunto por él. Es un buen alfarero y baila el Palotiau. En cambio, nunca he sido alfarera, ha quedado para los hombres de la casa, tres generaciones desde el padre hasta el nieto. Yo me pringaba las manos en la cocina, el torno para ellos”.

“¿Qué como soy?… dicen que buena persona y me lo creo, no hago mal a nadie, al contrario. Ahora me conformo con ser la más vieja del pueblo… ¡qué remedio!”. Los cuatro hijos ven a su madre “fenomenal, es un encanto cuidarla así y orgullo de tenerla, una bendición de Dios. Ahora no lee el periódico pero le contamos lo que pasa, sin alardes. Por ejemplo, de Bush no le hemos dicho nada porque nos preguntaría ¿quién es ese?… Mi madre es una institución en el pueblo donde la quieren todos”.


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