• Bienvenidos a Ronda Somontano, revista digital del Somontano de Barbastro.
Deportes

Pirineos catalanes con alforjas y… a pedales. 11. Compartir es vivir

Salimos muy contentos del albergue de Torre de Cabdella y, tras un corto descenso, desviamos a la derecha para tomar una carretera estrecha y solitaria"Nos sorprendió muy gratamente divisar no muy lejos en el horizonte las siluetas inconfundibles del Turbón  y de Cotiella", (Pedro Solana). que, en suave ascenso, nos conduciría primero a Astell (1160 m.) y por último a Guiró (1380 m.). Estos pueblos me recordaban a los de nuestro Somontano, sobretodo al cruzarnos un grupito de jubilados que paseaban por la carretera en animada conversación y que no dudaron en animar a dos «locos» que pedaleaban cargados y muy distanciados uno del otro.

En Guiró, recuerdo que nos encontramos dos niños jugando y bromeamos con ellos chapurreando alguna palabra en catalán : «¡Quinas vacanses mes bonas…!, ¿eh…?»

Pasábamos ahora a encarar la primera dificultad de esta última etapa: ¡una trialera en ascenso! hasta el coll d’Oli o de Castellnou (1520 m.). Aquí quisiera destacar hasta qué punto estábamos compenetrados Diego y yo que,  ante la sugerencia de éste para intercambiarnos las bicicletas, no dudé en aceptar. Os lo explico. Diego en esta ruta había cargado con mucho material. A veces, él mismo se veía con dificultades para levantar la rueda trasera de su bicicleta a causa de las alforjas repletas de material  que usábamos los dos. Fue en este momento cuando aproveché para agradecérselo y tomé muy en serio y con fuerza esa bici para ascender el sendero que nos conduciría tras varios falsos collados hasta el de Oli. ¡ Vaya panorama! ¿Sabéis…? Nos sorprendió muy gratamente divisar no muy lejos en el horizonte las siluetas inconfundibles del Turbón  y de Cotiella. Nos hicimos una foto inolvidable pues era como una celebración  anticipada al llegar  «a casa» una vez culminada nuestra aventura.
La trialera se convirtió en una bajada en la que por enésima vez caí en el error de creer que era la definitiva de toda la etapa. ¡Qué equivocado estaba…! Se sucederían luego más ascensos y descensos por terrenos quebrados, inhóspitos por su sequedad y despoblamiento .

¡Qué cosas…!, antes de llegar a Mola d’Amount (1050 m.) nos encontramos con  una ciclista francesa un poco mayor que nosotros y que disfrutaba de su bicicleta por estos parajes acompañada por su pareja quien conducía el vehículo de apoyo. ¡Lo que es el destino…! Había estado todo el viaje intentando conversar con alguno de los muchos franceses que nos habíamos encontrado pero sería el último día, y además con una veterana montañera, con quien compartí en varios tramos  una animada plática, pues coincidíamos en nuestro amor por el esquí de montaña, los barrancos, el senderismo y en todo. Ella me aventajaba la edad en un lustro y bromeábamos ya que nos sentíamos"Nos hicimos una foto inolvidable pues era como una celebración  anticipada al llegar  “a casa” una vez culminada nuestra aventura" (Pedro Solana). rejuvenecer con estas aventuras y aficiones.

Una vez más, estos encuentros con otros colegas del deporte animaban el espíritu cuando las condiciones de la ruta se endurecían, como en esta jornada, con pendientes o temperaturas fuera de lo normal.Todo esto contribuía  para aminorar el desgaste moral que comenzaba a hacer mella .

Fue durante estos tramos compartidos con nuestra amiga francesa cuando hicimos un alto al abrigo del sol dentro de una especie de cueva con una fuente de agua fresca y cantarina y donde otro bote de lentejas precocinadas combinaba genial con el pan ya descongelado y cortado a rodajas.

Previous ArticleNext Article

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *