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Opinión

No queremos vuestra miseria

Por Javier Hernández Cordero
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La eta, esa eta que para mí siempre va en minúscula y precedida del artículo que la hace aún más cateta, dice que se desarma.

Lo dice como siempre ha dicho todo, desde el exabrupto tajante y la imposición con la que no solo tienes que estar de acuerdo sí o sí, sino además bendecir la decisión y acatar sus consecuencias sin chistar.

Le ha puesto fecha, el 8 de abril, con la acostumbrada parafernalia, a saber, los mediadores; unos tipos encabezados por un ceilandés de apellido Manikkalingam, miembro a su vez de una tal Comisión Internacional de Verificación, al que deben conocer en su casa a la hora de comer y poco más. Marca eta, un tipo desconocido que lidera un grupo desconocido al que hay que aceptar, en este caso como verificador, sin que se sepa qué tipo de autoridad le legitima para hacerlo.

Pero sigamos con la santa compaña de aplaudidores de este otro siniestro proces.

Luego están las autoridades francesas y españolas que van a revestir de tal marchamo esta comedia bufa. Cuatro botarates de cuarta fila probablemente encantados de que los terroristas les hayan designado para tal menester bajo el título de autoridad, ignorantes de que han sido designados porque ya no queda nadie relevante que quiera andar el vergonzoso camino de la derrota que los orgullosos gudaris están obligados a transitar les guste o no.

Como en los cumpleaños de las películas americanas. No faltarán niños, niñatos, padres insufribles, regalos de atrezzo y los payasos. Los payasos no pueden faltar y en esta ocasión todos tienen algo de payaso.

Todo es una pantomima, una sandez que no tiene ni pies ni cabeza; un quiero y no puedo con ínfulas, un trágala en los tiempos en los que ya no estamos para estas tonterías, porque eta suena viejo, rancio y queremos olvidar.

Quizá por eso quieran volver al candelero de la vida pública, quizá por eso quieran su minuto de gloria, gratis, por supuesto, y pretenden el aplauso por entregarnos un montón de chatarra inservible por incapaz de aportar nada a la investigación de los crímenes etarras.

Un arsenal de armas probablemente no usadas o utilizadas en actos de escasa relevancia. Nada que implique o esclarezca los muchos atentados que aún quedan sin aclarar. Chatarra.

Y por supuesto nada de perdones ni disoluciones. La lucha, política hoy en día, sigue. Las mentalidades permanecen y los perdones los dejamos para otros con menos autoridad moral. La que les da los 829 muertos a sus espaldas.

En vez de eso, exigencias, otra de las inconfundibles marcas de la eta.

Exigencia de acercamiento de presos al país vasco, exigencia de redención y revisión de penas, exigencias, siempre exigencias, sin entregar nada a cambio, porque lo que pretenden hacer ver como una entrega de armas es una idiocia de libro que no merece la más mínima atención por nuestra parte.

Pueden meterse la comedia y el atrezzo por dónde les digamos, mientras no se disuelvan, contribuyan al esclarecimiento de los atentados sin resolver y paguen sus penas como el resto de los delincuentes.

Esa y solo esa es la vía de la redención que una sociedad hastiada y dolorida está dispuesta a admitir.

El coste en vidas y en peregrinaje democrático y legal ha sido enorme, como para querer comprarlo ahora con baratijas.

 


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1 Comment

  1. Hay que leer Patria, De Aramburu. Un libro que describe la sinrazón y oprobio de ETA , y de una sociedad enferma que la justificó. Causa bochorno pensar que durante muchos años unos catetos y brutos con boina se dedicaron a elegir quién y quién no podía vivir.

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