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Opinión

Amancio, ¿a quién se le ocurre?

Por Javier Hernández Cordero
oncologia

Amancio Ortega ha donado 320 millones de euros (más de 53.000 millones, para los que aún a veces pensamos en pesetas) a la Sanidad pública española para que esta renueve sus equipos de tratamiento de enfermedades cancerígenas.

A esta donación se le añade la de otros 40 millones que donó, en mayo de 2016 destinados para la Sanidad andaluza y para aparatos de radioterapia.

Todo ello a través de la Fundación Amancio Ortega, con un extenso programa de proyectos para favorecer el desarrollo de la infancia, la juventud y, en general, de la sociedad y las personas a través del impulso al cambio y la mejora en todos los ámbitos sociales.

Una iniciativa loable, desde luego, que no merecería más que los elogios de todo el conjunto social a quienes van dirigida, principalmente a los más desfavorecidos.

Pues de eso nada.

Porque claro, estamos hablando de la sociedad española, una sociedad lamentablemente enferma de un mal que nos aqueja desde hace casi tanto como nuestra propia existencia.

Una sociedad que esconde, tras consignas sociales e ideales políticos un odio alimentado por una de las fuerzas naturales de todo español que se precie, la envidia.

Triste pero cierto. En cuanto uno de nosotros se empeña en prosperar, crecer y subir, aunque sea a una escalera de aluminio, alrededor de su base comienzan a arremolinarse un conjunto, de paisanos, más nutrido cuanto mayor es la cota alcanzada, centrados en el insulto y la difamación fruto de un odio convenientemente alimentado de nuestro combustible natural, repito, la envidia.

Somos así.

El resto lo hace una mal llamada sociedad de la información creada en torno a redes sociales y medios de comunicación más centrados en mantener los problemas que (reales o inventados), les permiten seguir subsistiendo, que en contribuir a la solución de los que hay.

Así, ideamos malas prácticas fiscales y las paseamos por Instituciones y medios afines, clamamos contra contrataciones infantiles que no existen ni aquí y ni en la China Popular, protestamos porque el empleo se crea fuera y no en España y, por supuesto, la joya de la corona, sacamos el fantasma de la evasión de impuestos regularmente en procesión.

Que no decaiga.

A día de hoy lo cierto es que Inditex, la raíz del imperio de Amancio Ortega, mantiene casi el 50% (el 46,6% para ser exactos) de su plantilla en nuestro país, con una participación al erario público vía impuestos de más de 1.000 millones de euros anuales (el pasado ejercicio), con una contratación global directa de 15.000 empleados y una cifra de contratación indirecta de alrededor de 100.000 empleados en todo el mundo (incluida España, aunque parezca obvio).

Frente a eso, no faltan quienes claman contra el postureo que, según ellos, suponen las donaciones del propietario de todo este meollo.

Para ellos, supporters de quienes pagan en “B” sus trabajos o a sus trabajadores (como el bueno de Echenique), que pasean a familiares de terroristas por recintos sagrados de una democracia que desconocen o piden la modificación de las leyes que impiden los insultos, cuando no directamente el indulto de quién te desea la muerte y se regocija con el dolor ajeno vía Twitter, todo este altruismo es incomprensible.

Es natural.

Porque nunca quien no sabe hacer el bien podrá entender al que lo hace, quien no alberga en su corazón más que odio y rencor alimentado por una envidia atávica y generacional podrá soportar la generosidad de quién la practica y quién sólo desea el mal podrá entender lo que es y lo que significa hacer el bien.

Miseria de libro, pobreza espiritual o simplemente poca cultura, de todo un poco en la mayoría de los casos, aunque, optimista como soy, siempre encuentro algo bueno en las conductas de los demás, y este no es un caso diferente.

Por lo menos no se esconden, te lo echan a la cara.

 

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2 Comments

  1. Que somos unos envidiosos, creo que es evidente en casa esquina de nuestro pueblo…pero criticar a quien da su dinero para financiar lo que nuestro Gobierno no puede sacar tras el expolio, los coches y los hoteles oficiales y los pisitos a cambio de (sabe Dios qué ),eso es de TREMENDOS TONTOS.
    Independientemente de lo que posea,el hecho de que se acuerde de las carencias de su país,le ennoblece.
    Ojalá la mitad de las empresas ,ayuntamientos y administraciones supieran tratar al trabajador como Inditex lo hace. Quiero decir, RESPETAR al trabajador,y recordar que una vez él lo ha sido.
    Pero vamos…seguiremos criticando porque es innato a nuestra carencia educativa,incluso cuando salgamos del aparato que nos salve la vida, financiado por uno de los hombres más ricos de España. Y no me refiero a dinero.

  2. A mi (y es lo mismo q ya comenté) la donación del Señor Amancio Ortega me pareció perfecta ¡Ojalá cundiese el ejemplo y la investigación sobre el cáncer, u otra enfermedad, tuviera empresarios con esa generosidad !!

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