Deportes

Pirineos catalanes con alforjas y… a pedales. 12. Fin de la aventura y una promesa

Pedro Solana (Barbastro). Tras resguardarnos del sol en una cueva de la que manaba agua fresca y cantarina continuamos la útima etapa de nuestro viaje y ascendimos para llegar, primero, al collado de  Sant Pere (1400 m.) y, más tarde, al de Sas (1500 m.). Desde aquí descendimos al pueblo de Sas, que parece abandonado, aunque oímos ruidos y salieron a saludarnos. Aprovechamos para llenar agua fresca de la fuente y, a partir de aquí, comenzaba un ascenso que nos castigaría, por lo menos a mí, hasta tener que desmontar, pues la pista era un amontonamiento de gravas y el calor apretaba. Para colmo, mientras caminaba, mis viejas zapatillas de bicicleta desertaron las"En las tierras catalanas habíamos encontrado amabilidad y generosidad a raudales, nos sentíamos bien, como si muchos mitos se hubieran derrumbado en estos ocho días" (Pedro Solana). dos a la vez ya que las suelas se desprendieron por completo. Las abandoné tras unos arbustos  pues siempre había pensado que pesaban demasiado y yo solo quería aligerar mientras pudiera. Me calcé las zapatillas deportivas que había usado estos días para descansarme al concluir la jornada.

Por fin , llegamos a coronar el collado más alto, el de Erta (1520 m.) pero tampoco aquí se acababa este epílogo tan duro de la travesía. Quedaban subidas y bajadas que se sucedían convirtiendo nuestra progresión en un infierno rompepiernas mientras atravesábamos los pueblos de Castellars, Malpás y Gotarta donde, ya por asfalto, nos dejamos caer por carretera en rápido descenso hasta Pont de Suert. El cansancio, sobretodo psicológico, me hizo sufrir este final de etapa como una especie de «puntilla» que recordaré por su dureza.

Una vez en Pont de Suert entramos a saludar a un amigo de Diego que trabaja en Aramón-bike organizando rutas en BTT por nuestro Pirineo aragonés. Mientras, Ana, la novia de Diego, venía a buscarnos con el coche que nos devolvería a Barbastro.

En estos últimos instantes de nuestro periplo se estropeaba el tiempo con una tormenta veraniega. Tenía que ser así, pues el calor tan pegajoso que nos había atormentado durante esta jornada ya lo presagiaba.

Para terminar, quisiera dejar bien claro la sensación de buen sabor que nos dejaba  nuestra estancia por tierras catalanas. Habíamos encontrado amabilidad y generosidad a raudales, nos sentíamos bien, como si muchos mitos se hubieran derrumbado en estos ocho días. La belleza de un Pirineo que a veces se nos esconde, quizá por la lejanía, nos había llenado el alma de experiencias y gentes agradables, a la vez que nuestra capacidad de sufrimiento más montañera se había visto engrandecida en cada jornada. Además, no voy a repudiar nuestra filosofía de mínimo gasto pues os confesaré que con un fondo común de 500 euros supimos financiar esta maravillosa aventura.

Ojalá que el verano próximo podamos reiniciar esta travesía adentrándonos en nuestra tierra desde Pont de Suert con el objetivo de completar otros 500 km que nos separan de Hondarribia.

Desde ahora, os hago la firme promesa de contar a todo el mundo, desde este foro inigualable de rondasomontano.com, con el mismo entusiasmo y detalle, la segunda parte de esta Transpirenaica.

¡Hasta el verano que viene, amigos…!

Previous ArticleNext Article

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.