Opinión

Consideraciones sobre nuestros vecinos franceses y sus elecciones presidenciales

Por Pedro Solana Murillo
Emmanuel Macron. Ronda Somontano.

Ayer, toda Francia desafió la amenaza terrorista que hace tan sólo unos días había golpeado su campaña electoral en plenos Campos Elíseos de París y votó de forma masiva en unas elecciones, calificadas de históricas por lo inéditas, en las que varios candidatos llegaban con opciones similares a las urnas en esta primera vuelta.

Por un margen muy corto venció Enmanuel Macron a una envalentonada Marine Le Pen que veía cómo el líder de la Francia Insumisa, Jean Luc Mélénchon, le soplaba en el cogote gozando también de importante apoyo en votos.

Mientras escribo estas líneas, el presidente saliente François Hollande hace manifestaciones en la televisión en las que afirma que la victoria de la democracia ha sido patente como así también lanza una petición de apoyo en la segunda vuelta al candidato Macron. La amenaza de una salida de Europa por parte de Marine le Pen, entre otras muchas propuestas inaceptables, deja clara la decisión de apoyo de la izquierda tradicional socialista así como también la derecha republicana que encarna Fillon mientras se lo piensa la Francia Insumisa de Jean Luc Mélénchon.

El paralelismo entre Francia y España en su dinámica de campaña electoral era obvio.

La nueva izquierda de Mélénchon recibía como su homólogo español, Podemos, campañas desde periódicos como Le Figaro que les acercaban a los bolivarianos aunque el descontento con los socialistas hacía crecer las expectativas de este partido.

El candidato vencedor, Macron parece la versión francesa y joven de un centro socio-liberal que aquí encarna Albert Ribera. A pesar de haber formado parte del gobierno saliente de François Hollande y de no tener detrás de sí estructuras de partido establecidas en Ayuntamientos o Departamentos ha sido el contrapeso que ha merecido el voto mayoritario frente a los temores de las propuestas radicales tanto de la izquierda como de la derecha extremas.

La derecha tradicional y republicana de François Fillon, caía a causa de la imputación de su líder en casos de corrupción que implicaban también a su esposa. Parecía muy cercana a la política española su táctica del “mantenella y no enmendalla” del candidato Fillon a quien, a diferencia del PP español en la picota, abandonaban desde el mismo instante de su imputación tanto su director de campaña como otros miembros destacados de su partido.

El partido socialista del candidato Benoît Hamon recibía ayer todo un varapalo por sus políticas practicadas durante su finalizado mandato, tan alejadas de su ideario, y por sus luchas internas que le ha llevado a un declive patente como a su homólogo en España.

Hasta ahí las coincidencias amigos, pero…¡-Ay , que ahora viene la diferencia con nuestra política…!.

La Constitución de la quinta República dispone de una segunda vuelta en la que, no lo duden, se llegará a un acuerdo. Los franceses, en la primera vuelta votan con el corazón. Más tarde el pragmatismo y la necesidad de la gobernabilidad les hacen llegar al acuerdo por el apoyo recomendado de los líderes que han perdido en primera instancia y que decidirá a su nuevo presidente.

Aquí, en España, se han vivido varias elecciones casi seguidas en tan sólo un año haciendo en nuestro sistema electoral muy difícil evitar la fragmentación e imposibilitar el acuerdo sensato para lograr un gobierno con estabilidad manifiesta. Recuerden que aún quedan pendientes temas tan importantes como la aprobación de los presupuestos que si no salen adelante harían de nuestro país territorio ingobernable.

La diferencia es clara y patente.

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