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Opinión

Razones y sinrazones

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La división, el encuentro, la disputa y la riña nunca han sido lugares en los que me haya sentido cómodo, ni siquiera en lo epistolar, como creo que a la mayoría de los mortales.

Entiendo la discusión como un debate de ideas, como un cambio de opiniones sano y necesario hasta el punto de que nunca ha de descartarse, a priori, que la nuestra no sea la buena, la verdadera y mucho menos imposible de matizar o aceptar como propia.

Teniendo como tengo mis propias ideas, gustos y costumbres, lo normal es que las defienda siempre, aceptando y respetando las de los demás, como no puede ser de otra manera.

Esto enriquece al individuo y a la sociedad, porque, en palabras de un viejo profesor, la discusión abre la mente y enriquece el alma.

Sin embargo, hay un tema que comienza a preocuparme, lo reconozco, que viene de la mano de la polarización de la sociedad en muchos ámbitos y que amenaza con emponzoñar la bonita práctica (dialéctica o escrita) que hasta ahora suponía discutir con alguien para convertirla en un reducto de rencor, cuando no velado odio, a base de radicalismos, ideas y razones irreductibles.

Estamos pasando de la disparidad de opiniones a la defensa de trinchera de la opción tomada, de manera que, los grupos que se van creando; de derechas o izquierdas, veganos, animalistas, taurinos y lo contrario, barcelonistas, merengues o de otra preferencia futbolística ya no discuten, ahora defienden a cara de perro su preferencia política, social o gastronómica con la intensidad del que combate por su vida, sin reparar que, por el camino, nos estamos dejando muchas cosas.

La educación en primer lugar, de cuya pérdida la primera víctima es la razón, que se evapora cuando defendemos, con ira mas o menos contenida, aquello en lo que creemos o pensamos.

La credibilidad y el rédito social caen también estrepitosamente ante quienes defienden sus opciones, creencias, preferencias y teorías con tal vehemencia que no dejan resquicio a la más mínima matización. Esto es así y punto, porque yo lo digo o porque yo lo valgo, de manera que, a base de cerril tutela, acaban consiguiendo lo contrario a lo que pretenden, es decir, tener razón.

Pero son muchos los ámbitos y cada vez más nutridos los ejércitos de apoderados de la verdad, que no solo la defienden (la suya), sino que denostan y ridiculizan hasta donde pueden al que piensa contrario, al diferente, convirtiendo al adversario en enemigo en cuanto se percatan de la contrariedad de ideas.

Todo se magnifica, como ya referí la semana pasada, con las redes sociales, que como invento humano, mata o da vida en función de cómo se use, al igual que el lenguaje o el pensamiento, elevando ideas y argumentos disparatados (que también son ideas) a la categoría de axiomas que hay que defender a toda costa y contra el resto si no son acordes con las nuestras propias.

Aunque no las entendamos ni pretendamos hacerlo.

Basta con que hayan sido escritas o pronunciadas por alguien de los nuestros para que las hagamos propias y las defendamos contra viento y marea contra (repito, contra) el resto.

Y así se empobrece el debate, el individuo y la sociedad; así se camina de espaldas a una confrontación inevitable, ora en las palabras, ora en la arena; a base de gritos más o menos silenciosos pero que caen como piedras sobre nuestras cabezas, activando resortes y mecanismos que vale más dejar dormidos.

Apelemos desde ya el recurso a esa inteligencia que TODOS poseemos, cambiemos de dirección sin cambiar de ruta, abramos nuestras mentes a la opinión ajena, si luego la adoptamos o no ya es cosa nuestra, pero empaticemos con ella siquiera un poco.

Solo así podremos rebatirla como se debe.

Todavía estamos a tiempo de desmentir la afirmación de Claudie Chabrol cuando dijo que la inteligencia es limitada, la estupidez no.

         

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1 Comment

  1. Llámame catastrofista…pero yo, cada vez que enciendo la televisión, me sumo a los que piensan que todo está perdido en este país.
    El problema de comunicación que padecemos en España no creo que sea tan sólo culpa de no compartir ideas…pienso directamente que hay quien no tiene capacidad,motivación o simplemente formación como para entender (o al menos respetar lo que está entendiendo).
    Pienso que a quienes hay que dirigir las críticas constructivas (los políticos y dirigentes), padecen un déficit de cultura y de interés por crecer humanamente hablando,que los que pretendemos explicar…terminamos hablando con un monito de feria,que ladea la cabeza en modo “te escucho..pero no comprendo”.
    Tengo esperanza real de que las generaciones que han escapado de esta jaula de idiotas,regresen algún día y nos eduquen de tal modo que sepamos ver lo importante que es poder debatir.
    Como siempre, me encanta el tema que has elegido esta semana. Hacen daño al que lo entiende…pero hacen reflexionar.

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