Opinión

Pitar el himno

Por Javier Hernández Cordero

De nuevo la final de la Copa del Rey, de nuevo el himno español antes del comienzo del partido y de nuevo una inmensa minoría de españoles que, de manera inexplicable, pitan y abuchean el himno de su propio país.

A cualquier extranjero no familiarizado con la idiocia que campa por nuestra piel de toro le chirriaría y le costaría mucho entender el porque de esta situación. Un torneo de fútbol español, jugado por equipos españoles, en un estadio español…

No cuadra.

Pero esto, una vez más, es España, crisol y cuna de las más abyectas y disparatadas costumbres con las que los listos (y listas) de turno pretenden que no veamos lo mezquinos (y mezquinas) que son en realidad.

De entre todas las costumbres que he mencionado sin citar ninguna (para no dar pistas), la de odiarnos y destruirnos los unos a los otros es (solo por detrás de la envidia) la más secular y pródiga. No en vano, el mismísimo Canciller Von Bismarck afirmó que estaba firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí mismo y todavía no lo ha conseguido.

Aunque en ello estamos.

Pero pese a que aquí (en España) abundan los tontos, la mayoría no lo es, y por eso desde la llamada transición nos hemos dedicado, de manera larvada, a destruir una de las épocas más prósperas de nuestra historia con maniobras de acoso y derribo light, conscientes de que el llamado estado del bienestar es algo que está muy bien, pero solo para unos cuantos, los que creen erróneamente que pueden costeárselo de manera autónoma, siempre en la creencia de que dan más de lo que reciben.

Parece que la prosperidad o la sensación de haberla alcanzado trae irremediablemente la de insolidaridad.

¿Por qué?.

No lo sé.

Lo reconozco, no tengo ni idea del motivo que lleva a una cuadrilla de estúpidos (y estúpidas) a pensar que por separado somos mejores, que el vecino, su propio vecino y quizá su amigo, es el culpable de sus problemas, de que dan más de lo que reciben y que desangrar el país puede traer soluciones y mejores cosas que mantenerlo unido, firme y pujante.

Quizá la causa de todo esto haya que buscarla en el hecho de que los españoles somos muy maleables en cuanto a política se refiere. Nuestra natural aversión a profundizar en aquellos temas que no nos resultan atractivos nos lleva a tomar prestadas ideas y consignas de quienes, conscientes de ello, se dedican a intoxicarnos con doctrinas y discursos falaces cuya único objetivo es distraer la atención sobre cuestiones más graves.

Y así es como verdugos disfrazados de victimas llevan años inventando excusas y cambiando la historia real por una, ficticia, que inoculan en quienes sirven sin querer a la causa fascista de quien huye de la quema incendiando de paso todo lo que encuentra, que en el fondo es de lo que se trata.

Pitar el himno no es despreciar al país, sino a unos valores que, por su necedad, no son capaces de entender.

Pitar el himno es pitar a nuestros vecinos, amigos, a logros y esfuerzos, a siglos de historia que no puede inventarse, porque se ha escrito día a día, a la lucha conjunta contra los malos momentos, es pitar la unidad contra el terrorismo, el estado del bienestar, el liderazgo en tantas cosas que han hecho de nuestro país y de nosotros lo que somos hoy en día, la envidia de un mundo que desconoce, sin embargo, la densidad de idiotas (e idiotos) por metro cuadrado que albergamos.

Y todo por el dudoso desahogo de que pitar el himno es despreciarme a mi y a los que piensan como yo.

Pues no.

Pitar el himno es despreciarte también a ti.

Previous ArticleNext Article

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.