Opinión, Ronda de Relatos

Con el aliento y recuerdo de Raymond D’ Espouy

Por Pedro Solana
hermanos Masgrau con Chantal d'Espouy
Los hermanos Masgrau con Chantal d’Espouy.
conversando con Chantal D'ESpouy en 2005
Conversando con Chantal D Espoy, en 2005.

El mes de abril de 2016 se celebró un nuevo encuentro entre franceses y españoles dentro del hermanamiento de dos clubes: le Club Alpin Français de Tarbes y Montañeros de Aragón de Barbastro. Ya son casi diez años de hermanamiento y en la lengua francesa, para referirse a una amistad similar, recurren a la palabra:“jumelage, que engrandece el vínculo hasta más allá de ser hermanos, hasta estar unidos en un mismo seno sintiéndose “gemelos”.

En esta ocasión la cita nos llevó a la Tour de Mayrègne, en el pueblecito del mismo nombre, en el valle d’ Oueil, donde reposan los restos de Raymond d’Espouy. Con esta cita se rindió el último homenaje a un montañero, como cerrando un ciclo de honor y recuerdo entre los amigos de Barbastro y este hombre que ya fue amigo de nuestro primer presidente, Luis Paúl, y testigo del nacimiento de nuestro Club en la inauguración del primigenio refugio de Estós , en 1949.

1974 Raimond d'Espouy
El curado Pedro Escartín en el aniversario en 1974.

Raymond d’Espouy murió en febrero de 1955 cerca del pico Salvaguardia enterrado por una avalancha y desde entonces fueron muchos amigos y muchos encuentros para recordar su figura y su estrecha vinculación, entre otros, con Julián Delgado Úbeda, quien era presidente de la Federación Española de Montañismo y con quien d’Espouy quiso rubricar sus lazos de amistad fundando una Federación Franco-Española de Montaña.

En el año 1974, recién llegado al club, tuve oportunidad de participar en el homenaje en recuerdo del vigésimo aniversario de la muerte de d’Espouy, pero en un lugar tan especial como la cima que lleva su nombre en el macizo que le fascinó. Un macizo de Cotiella que incluso llegó a topografiar y dibujar y al que trajo muchos jóvenes franceses a unos campamentos para disfrutar su belleza e inmensidad. En 1958, tres años después del fallecimiento, la Federación Española decidió poner su nombre a una antecima del pico Cotiella separada de ésta por una afilada arista y allí pudimos celebrar una misa en julio de 1974 con asistencia de Chantal D’Espouy, heredera de la afición de su padre y una misa que fue concelebrada por nuestro capellán, Pedro Escartín y un cura francés, Pierre Billon, amigo personal de Raymond d’Espouy. Como se puede ver en las fotografías, Joaquín Torres ejercía de jovencísimo presidente de nuestro club y unos niños, que aún éramos, participábamos en la eucaristía sobrecogidos por la espiritualidad que rodeaba a este deporte, sus gentes y la belleza de sentimientos ligados al montañismo.

1974 Celebración 20º aniver. Raimond d'Espouy
1974 Celebración 20º aniversario de Raimond d’Espouy.

 

Un año después, en Junio de 1975 reunimos a todo el club en un campamento junto a la fuente de Riancés, y se montó una expedición a la cima de Cotiella para construir un monolito de piedras que junto a una cruz y a una placa volverían a unir para siempre este pico y la figura de Raymond d’Espouy. Allí estábamos otra vez los más jóvenes para transportar en bolsas el cemento y la arena y allí también acudieron nuestros amigos, los gemelos Luis y José Masgrau a quienes se ve progresar por los neveros ascendiendo al Cotiella.

acompañado por Mariano Soler y al fondo Joaquín Torres en homenaje a Raymond d'Espouy en 1974
Acompañado por Mariano Soler y al fondo Joaquín Torres en homenaje a Raymond d’Espouy en 1974.

Pero este ciclo que os nombraba al principio en torno a la figura del pionero no se había acabado ya que tendría otro emocionante episodio en 2005, cuando volvimos a reunir a muchos amigos franceses y españoles en el quincuagésimo aniversario de la muerte de d’Espouy al igual que se aprovechó para celebrar el vigésimo quinto aniversario de la construcción del refugio de Armeña, verdadero germen de la red de refugios de la FAM. En esta última ascensión al pico Raymond d’Espouy asistió una sorprendente anciana de ochenta y dos años, tan ágil como una gacela y que no era otra que Chantal, quien se mostraba entusiasmada al colocar su ramito de rosas rojas junto a la cruz de la cima. Treinta años más tarde volvíamos a honrar a su padre y ella se sentía agradecida a sus amigos españoles como se puede ver en las fotografías.

Ya ven que con la reunión de la torre de Mayrègne, esta primavera pasada, completábamos un ciclo de fraternidad y convivencia que sólo las montañas y sus aficionados sabemos propiciar ya que de este amor a la naturaleza y a nuestros hermanos montañeros surgirán para siempre los más bellos senderos , aventuras y excursiones.

Pedro Solana.

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