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Opinión, Ronda de Relatos

Cambiar o cambiar, adaptarse y mejorar

Por Paco Lagardera
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La vida es un constante y continuado proceso de cambio. Millones de células mueren diariamente y son sustituidas por otras que el cuerpo genera para reemplazarlas. Mientras se vive, este proceso es incesante y resulta básico para que la vida se mantenga hasta llegada la muerte como final de la existencia.
Con el paso de los años el proceso de renovación celular se sigue produciendo, aunque con distinta velocidad. Durante la vida intrauterina y el primer año de existencia el proceso de
construcción celular es vertiginoso, mientras que finalizada la pubertad va enlenteciendo progresivamente. En la senectud se sigue produciendo el recambio de células pero mucho más lentamente.
Al dormir y descansar de manera sostenible se desencadena un proceso natural de restauración, que además de la reposición de nuevas células, supone la reparación de órganos, de heridas y disfunciones, así como la recuperación energética para superar estados de fatiga.
La vida es también un constante y continuado proceso de adaptación. Precisamente éste estimula al organismo para que cambie, pero lo hace marcando o señalando una determinada orientación. El cambio siempre se produce, pero la dirección viene condicionada por el proceso adaptativo.
Cuando la adaptación se orienta hacia la sostenibilidad, los cambios se dirigen hacia el cuidado de la vida, el bienestar emocional y la felicidad sensitiva como estado vital cotidiano.
Si la vida es sostenible la mejora de su calidad se produce de manera constante y continua, exponencial, empezando por la propia, ayudando a la de los demás, a toda la comunidad de la vida y al planeta en su conjunto.
Cambiar, adaptarse y mejorar de manera sostenible. Se trata de un proceso lento pero imparable, mejorando siempre, aunque sea de manera sutil, incluso infinitesimal, en expansión constante, infinita, puesto que se trata de una mejora hacia afuera y hacia adentro, en todas direcciones y sentidos. Una infinitud que conduce, paradójicamente, al final de la vida, pero a un final feliz, en paz y plenitud.

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