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La fractura social




He de reconocer que una de las últimas acciones de los timoneles del proceso autodestructivo catalán, a saber, la Asamblea Nacional Catalana, Omnium Cultural y la CUP me ha dejado preocupado por lo de fractura social y enfrentamiento vecinal duradero tiene, que no es poco.

A principios de esta semana apareció en la red un panfleto de los instigadores del pruses que inmediatamente me recordó a aquellos dictados de los Comités de Defensa de la Revolución cubanos, piara de chivatos y mermados que, por no tener ni saber hacer cosas mejores, se dedicaban y se dedican, barrio por barrio, a acusar y señalar a sus vecinos —parapetados tras la legitimación de la dictadura castrista— de faltar a algunas de las verdades del régimen con sus palabras o actos.

Nada nuevo bajo el sol.

Quienes buscan instaurar regímenes basados en el terror y la arbitrariedad disfrazados de libertarios, se cuidan bien de estar informados de todo lo que sucede; desde sus palacios hasta las ratoneras en las que acaban viviendo sus paisanos y para eso necesitan de la ayuda de patriotas convencidos, oportunamente adoctrinados y convenientemente bien pagados.

Suelen ser los más tontos del barrio o lugar, lo que es normal si se tiene en cuenta que cualquiera con un mínimo de inteligencia y algo que perder, siquiera la honra, no se presta a ser el chivato onanista del recreo.

Lo llevamos viendo siglos.

Desde la Alemania nazi hasta la democrática —que insolencia al proscribir el término— RDA, con su legión de viejas del visillo a sueldo de la Stassi, desde los Comites de Defensa de la Revolución Cubana hasta sus homólogos coreanos para llegar a estos Comités de Defensa del Referendum cuperos catalanes.

Nótese como hasta en las siglas coincidentes han sabido dejar claras sus intenciones.

En el panfleto en cuestión, tan preocupante que hasta ha tenido que ser modificado —por radicalmente fascista— a petición de los propios acólitos del pruses, se piden varias cosas que cualquier mente abierta podría indulgentemente cohonestar con las ansias propagandísticas que persiguen los independentistas, a saber, difundir el mensaje por todos los medios, formas y maneras, convenciendo a propios y extraños de las ruedas de molino independentistas para consumar la felonía comicial…

Lo habitual.

Pero lo que no es usual ni debería serlo nunca es uno de los puntos del manifiesto inicial, en el que se llama a realizar listas—siempre las listas— con aquellas personas que el comisario político de turno crea que no irán a votar, por tener dudas o no ser independentistas.

Y ahí se me heló la sangre, para que les voy a mentir.

Porque ya no solo me aterra la idea de que el gilipollas de mi barrio se crea con derecho a enjuiciar y etiquetar mi vida y mis decisiones, el problema, lo realmente gordo es que ese pobre tonto, venido a más, verterá en esas relaciones nominales sus propias fobias e inquinas, sin dudar en incluir, a sabiendas, a quienes odia por cuestiones personales desde siempre; a los que se la tiene jurada.

Y por ello incluirá en la lista a aquella familia, viajera impenitente, que no duda en jactarse —tremenda osadía— de sus viajes por Facebook e Instagram; él[la], que no puede permitirse ni un triste veraneo en Salou; al empleado de la regulación del estacionamiento de los vehículos, que parece que está esperando que su coche se pase un minuto para multarlo.

Tampoco olvidará al que cambia de auto cada dos o tres años y encima se permite la osadía de transitar con él por el barrio; del que lleva a sus hijos a un colegio de pago, de esos que uniforman a niños y niñas; al director del banco, siempre trajeado y sonriente, al repipi que se cree que por tener una mediana empresa está por encima suyo, a la viuda del militar, que menuda pagaza debe tener, al que tiene andares y ademanes de derechas y a tantos otros por tan sesudas razones.

Todos esos y los que se le vayan ocurriendo irán a parar a la lista. A su lista.

Tiene motivos, tiempo y odio suficiente como para hacerlo, esta es su oportunidad, este es su momento, el que TODOS le han negado desde siempre; el que le han otorgado su cuadrilla de asociales, ahora en el poder.

Momento que no va a desaprovechar.

Irá engrosando la lista al ritmo que los que le han dado las alas necesarias para hacerlo aumentan la deuda, el agujero económico y la corrupción de ese falso país llamado Cataluña.

Todos ufanos, unos en gastar dinero, otros en acumular sueños e ínfulas de papel y el resto, hastiados de tener a ese vecino del que nos sabemos cuándo pasó de ser afable a molesto y de ahí a ser el impertinente de la comunidad.

De ser el listo a confeccionar listas.
Post date: 2017-09-30 08:55:12
Post date GMT: 2017-09-30 07:55:12
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