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Economía, Huesca

ASAJA Huesca y los ganaderos de la montaña reclaman mayor protección y despenalización de su actividad

Desde ASAJA se pone de manifiesto que los ganaderos exponen a la sociedad en general y a los alcaldes de pueblos turísticos en particular que la ganadería estuvo siempre en los pueblos y no debe ser como incompatible con el turismo, ya que aunque es cierto que «manchan las calzadas», no es menos cierto que si no estuvieran allí, faltaría gran parte de lo que busca el turista de ciudad, ese contacto con la naturaleza a través de la cultura local y ese acercamiento cada vez más necesario de la ciudad (y en particular de los niños) al campo y al conocimiento del origen de los alimentos a través de quienes los producen.

Ramón Ballarín, responsable de las sectoriales ganaderas de ASAJA señalaba que «Estamos en un momento crítico pues el ganadero de montaña y el de ovino en particular están en clara extinción, el lento crecimiento y escaso rendimiento de sus producciones comparada con otras especies hacen que esta ganadería desaparezca a pasos agigantados, por otra parte el vertiginoso cambio que se les exige de mentalidad e inversiones con respecto a las nuevas legislaciones sanitarias hace que su adaptación sea imposible, no hace falta que aceleremos este proceso con nuestra incomprensión».

Desde ASAJA se considera que en nuestro país no se respeta lo suficiente lo antiguo, lo tradicional, la ganadería de montaña en este caso, y así nos encontramos con que aquí en el Pirineo español se denuncia a los ganaderos por que sus animales invaden calzadas por las que siempre habían campado a sus anchas y sin embargo nada más cruzar la frontera con Francia vemos todo lo contrario, la ganadería es dueña y señora de los montes y las advertencias son al contrario, «cuidado no atropelle usted», «respete a quien allí vive», «no corra», y es así como los franceses (todos), son gente que, no solo mantienen su cultura rural, sino que se enorgullecen de ella.

Los ganaderos de montaña le piden al MARM y a la DGA y a quien ejecuta sus ordenanzas (el Seprona y los agentes forestales) que actúen con más tiento ya que los «delitos» contra la naturaleza que pueda cometer un ganadero de la montaña, no van en contra de la naturaleza. «Ellos tienen la enseñanza transmitida por generaciones, han modelado el paisaje que hoy se quiere mantener a toda costa por las administraciones, a las que habría que pedir un poco de prudencia y respeto en sus actuaciones cuando alguien se sale de lo habitual empujado por sus tradiciones y conocimientos. Hay que despenalizar la cultura rural, ya que los ganaderos no son delincuentes, sino los principales agentes medioambientales», señala Ballarín.

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