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Consumo, Salas Altas

Salas Altas celebra las bodas de oro del comercio de Conchi Bravo

El Somontano cuenta con siete colmados familiares
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Conchi Bravo tiene 55 años y el mérito de abrir la puerta de su tienda en Salas Altas donde encarna la figura tradicional del tendero rural que aguanta el tipo cada día, sin horario y la mejor disposición para atender con clara vocación de “amigo servicial”. Los vecinos arroparon a Conchi que celebró 50 Años desde que sus padres abrieron la tienda en el patio de casa el 1 de noviembre de 1967. La figura del tendero rural representa la fidelidad propia de quien realiza su trabajo en pequeñas tiendas que, al mismo tiempo, son lugar de encuentro con amigos, conocidos y vecinos, ideal para compartir vivencias al calor de la buena atención y confianza mutua.

Conchi Bravo tras el mostrador. Ángel Huguet.

Los tenderos tradicionales han tenido un rol importante, de gran significado social entre los vecinos porque son comerciantes, amigos y confidentes de historias propias del ámbito rural. La subsistencia es el nexo común y de la fidelidad a la clientela han hecho una seña de identidad. “Es un día emotivo porque recuerdo que tenía 5 años cuando mis padres, Óscar Bravo y Concha Sanagustín, abrieron la primera tienda en el pueblo de la que se ocupaba mi madre, en especial, porque mi padre se dedicaba al transporte entre Barbastro y los pueblos. Ahora, les recuerdo con orgullo por la dedicación y entrega durante año”, explica Conchi.

“La primera vez que llenamos la tienda que estaba en una esquina del patio de casa subió mi padre el género desde Barbastro en el remolque del tractor y costó 34.000 pesetas. En tantos años se mantiene el deseo de servicio, propio y necesario de tiendas como la nuestra, quedan pocas en los pueblos pero se aguanta el tipo. Cuesta y es difícil porque la gente joven se va fuera pero la fidelidad vecinal no tiene precio y la relación con el cliente es excepcional. Tenemos horario comercial pero si un domingo o festivo falta algo, aquí estamos”.

La confianza llega al consabido “mañana te lo pago que he bajado de casa con prisas”. Conchi no apunta, se fía por completo, “las abuelas me dicen que ni se me ocurra cerrar, la clave para aguantar 50años está en la paciencia y que te guste el trato con la gente. En eso tuve buena maestra con mi madre”. Es la única tienda de estas características de tres que hubo en Salas Altas, “la gente valora este tipo de establecimientos. Hay vecinos que se bajan a tomar el café aquí, antes de ir al campo”.

Inma Subías, alcaldesa del pueblo, se refirió a Conchi en términos de “satisfacción vecinal porque es una persona que ha superado muchas trabas para salir adelante, en especial cuando enfermó su madre, es una mujer-coraje y todos los vecinos somos clientes, además de pueblos próximos. Se suma a todas las iniciativas y colabora con actividades sociales. La verdad que es un lujo tener una tienda abierta en el pueblo con 300 vecinos y le echamos una mano cuando la pide”.

Quedan siete

Siete localidades del Somontano conservan tiendas abiertas “de todo un poco” y pequeños supermercados de proximidad. A expensas de errores u omisiones involuntarias son Ferrer (Bierge), Castillo (Alquézar), Jovita y Puértolas (Naval), Abuelas de Sevil (Adahuesca), David Sallán (Estadilla), Conchi Bravo ( Salas Altas), Isabel Cambra, Antonio Mairal, Torres, Víctor Gías y María Isabel Cambra (Peralta de Alcofea).


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