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Contraportada

El Torneo de Tenis de Monzón, de actualidad esta semana

por Juan-Ignacio Lacarte González
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En la vecina localidad de Monzón, “cuna de campeones”,  se está disputando el torneo Conchita Martínez para jóvenes promesas del tenis femenino.

Si acudís a las pistas municipales (sólo de pago las finales del domingo, 2 euros) podréis ver unos partidos con una competitividad y una calidad técnica profesional. Nada que, a primera vista, los distinga de las retrasmisiones televisivas del torneo que también esta semana se disputa en Madrid con las jugadoras del más alto ranking mundial.

Las jóvenes participantes en Monzón golpean la pelota “a la picada” si conviene, es decir, apenas bota, por cercano a las líneas o potente les llegue el tiro de su adversaria. Dominan la técnica de todos los golpes, saque, smach, volea, dejada, golpes con “top spín” o con “slice” (en español, liftados y “cortados”), dejadas; sus desplazamientos son equilibrados, su autocontrol, deportividad y compañerismo son encomiables, aceptando los buenos golpes de sus adversarias, no protestando las decisiones arbitrales…

Todo muy profesional, evidenciando a este deporte una dedicación casi absoluta en muchos casos,  pero sin descuidar su formación académica, idiomas incluidos.

Pero el tenis es un deporte de competición. Hay que ganar el partido, vencer a otro competidor con armas sino iguales, muy parecidas a las propias. ¿Cómo conseguir ser mejor de forma constante? ¿Cómo ganar siempre o casi?

La respuesta es sencilla, pero para nada simple de contenido. Hay que tener algún factor personal de superioridad sobre los restantes competidores.

La naturaleza proporciona el factor de superioridad más común, el físico. Ser más alto, más fuerte, más rápido, más resistente… son cualidades que marcan diferencias evidentes entre competidores.

Pero para aprovechar las cualidades naturales, además de trabajarlas adecuadamente para obtener su mejor rendimiento, también se necesita fuerza mental.

En el tenis, esa fuerza se puede nutrir de algo más que voluntad. Algunos competidores que no gozan de superioridad física evidente, obtienen resultados positivos gracias a su capacidad técnica,. Su técnica superior también les otorga confianza en sus posibilidades, de modo que su fuerza mental, su confianza en el éxito si perseveran en el esfuerzo, se robustece.

En el tenis, el factor técnico, de realización de golpes, es bastante decisivo y poco reconocido incluso en ambientes profesionales, pues, a primera vista, no hay grandes diferencias en lo que unos y otros hacen. Se otorga mucha más importancia a la táctica, a la manera de emplear los golpes.

Entonces, realmente, ¿alguien sabe cómo desarrollar algo que los demás competidores no tengan, o que le permita más eficacia? ¿Quién sabe verlo que de ordinario no se ve? pues si está al alcance de todos y además es evidente, deja de ser un factor de superioridad. Y si alguien puede ver lo que de ordinario no se ve ¿cómo ha conseguido esa cualidad? ¿Por su inteligencia o por casualidad?

En general, el jugador/a debe vencerse a sí mismo, dominar sus ideas y nerviosismo, y, al mismo tiempo, dominar sus gestos técnicos con la raqueta y sus desplazamientos en pos de los tiros del adversario. Dominar implica tener una conciencia (una “inteligencia”) lo más perfecta posible de todos los elementos en juego, teóricos y prácticos y cómo se influyen recíprocamente.

El factor de superioridad debe considerarse desde dos vertientes, la mental y la física. O sea, la ventaja que marca la diferencia, supone un control de sí mismo sobre las emociones, a la par que sobre los actos. Gracias a esto, haciendo aparentemente lo mismo, una persona consigue alcanzar mejores resultados que otra.

Estas cuestiones tienen respuestas aplicables a cualquier circunstancia de la vida, pues el foco de atención es siempre el ser humano y sus posibilidades para desarrollar su potencial.

El ser humano acepta cualquier reto si piensa que tiene los medios para alcanzarlo. Los más eficaces son los menos divulgados.


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