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Historia del Concierto Solidario «Donde las Palabras no Llegan» del Colegio San José de Calasanz de Barbastro

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Algunas investigaciones apuntan a que ciertas composiciones se basan en proporciones que intervienen en el subconsciente, pero lo cierto es que el famoso “pellizquito”, el “vello de punta” salta en ocasiones de la forma más espontánea. Y ahí, en ese terreno del “no lenguaje convencional”, es donde la música habita.

No nos debe extrañar, pues, que las veladas musicales dejen ese cierta «resaca emocional» que puede prolongarse indefinidamente en el tiempo. Una sensación única, comparable a haber realizado un viaje en el que hemos llenado la maleta de nuevas experiencias.
Vibraciones, viajes e historias se dieron cita el pasado 3 de mayo en el salón de actos del colegio San José de Calasanz.
El departamento de música reeditaba el formato concierto del año pasado, pero con interesantes novedades. Guitarras, flautas, pianos, trompa, violín, voces y hasta una guitarra eléctrica serían los ingredientes seleccionados para un nuevo menú musical. Jóvenes artistas músicos y distintos colectivos vinculados al colegio cocinaron las recetas de muchos autores con los ingredientes más importantes: cariño e ilusión.
Abrieron el concierto los integrantes del aula de música de tercero de ESO (Carla Ariño,María Carreño, Ainhoa Carrera, Lucas Fernández, J.F. Fuertes, Eric González, Paula Ibáñez, Dylan Jiménez, Salma Laghchim, Beatrice Lutu, Antonio Patiño). Dirigidos por su profesor, David Toro, interpretaron temas de los autores de actualidad Rihana y Pitbull.
Tras el arranque festivo de las flautas, guitarra y cajón pse dio paso a una sección en la que los instrumentos solistas fueron acercando diferentes fórmulas: María Castro comenzó esta sección, y nos recordó temas infantiles con su guitarra; después vendrían los pianos de Inés Lozano, Laura Martínez y Aarón Fárez, con propuestas de lo más variado: desde temas de Pam Wedgwood hasta la maestría del gran genio de la música brasileña, H. Villa-Lobos, pasando por un Tango.
Como contrapunto, Samuel Garuz nos propuso a la trompa una versión del famoso Rosamunda de Schubert, finalizando este bloque Patricia Viñuales, con un evocador Rivers flows in you a las teclas. A modo de intermedio fueron invitados a participar un grupo de guitarras de la Escuela de Música, formado por Clara Iglesias, Alberto Montalvo y Nerea Salamero, que dirigidos por su profesor Iván Davias nos ofrecieron un variado popurrí de temas modernos: Yo contigo tú conmigo, Zombie y Carolina.
El violín fue el encargado de inaugurar un nuevo bloque, y Bach sonó interpretado por Izarbe Fernández. Después fue el turno de nuevo de los pianos, donde pudimos escuchar incluso una pieza de composición propia, a cargo de Gabriel Broto, y cerrando el capítulo pianístico escuchamos a Nerea Salamero, con The Approaching Song, tema cargado de un dramatismo cuasi beethoveniano. Como contraste, Samuel Trallero, cerrando las interpretaciones solistas con un sorprendente viaje a la psicodelia de mano del grupo Cream.
Divisando casi el final del concierto, una selección de alumnas del aula de música de primero de ESO, (María Ferrer, Candela Vilas, Aimar Moreno, Patricia Viñuales, Irene Jarne, Sara Tijani, Lucía Barbazán, Marta Carreño, Laura Expósito, Sara Galán, Laura Mairal), dirigidas por la guitarra de su profesor Iván Davias, tocaron a las flautas una atractiva selección de temas de película: Mary Poppins, Piratas del Caribe, Star Wars y La Bella y La Bestia.
Como colofón a este viaje musical, llegaría el “Grupo de Canto del Cole”, como ellos mismos se autodenominan, formado por profesores, padres, madres e hijos (Carmen Ballarín, Belén Blasco, Mª José Buisán, Josan Cavero, Toñi Hervás, Eli Río, Tere Río, Dafne y Noah Sierra y María Castro). Con su fusión de guitarras, cajón y voces interpretaron dos temas, Enciéndeme y Senegal, movilizando al público, que abarrotaba la sala y que acabó fundiéndose en palmas, coros y buenas vibraciones. Al grito de “otra, otra”, los asistentes solicitaron un bis al grupo, que generosamente ofreció su bonita versión del eurovisivo Tu canción, a modo de broche final. El salón se transformó en todo un fin de fiesta caluroso e interactivo.
Como recuerdo, una foto final de tod@s l@s participantes inmortalizaba una tarde distinta, mágica. Fue precioso comprobar una vez más el poder de la música, un poder que no entiende de softwares ni de wi-fi. Una fuerza que trasciende lo meramente comunicativo y se convierte en mensaje, empatía y emoción.
Continuará…
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