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Alto Aragón, Opinión

El asco, una emoción básica que nos protege

Por Ana González Uriarte. Médica especialista en Psiquiatría. Licenciada en Psicología. Miembro de la Asociación Loporzano Vivo
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El asco, junto con el miedo, la ira, la tristeza y  la alegría,  constituyen lo que conocemos como emociones básicas. Las emociones son estados psicofisiologicos que las personas  experimentamos como reacción a las circunstancias que nos rodean en un momento dado. Sus funciones son adaptativas. Nos proporcionan información muy rápida sobre el entorno (si hay algún riesgo o peligro), y nos preparan también de forma rápida para dar respuesta (acercarnos o alejarnos, atacar….).


Haber desarrollado una brújula emocional bien ajustada nos permite adaptarnos de forma saludable a nuestro entorno. Por poner algún ejemplo, el miedo cumple una función de protección pues nos impulsa a huir del peligro, como cuando huimos de un incendio. La rabia nos empuja a autofefendernos plantando cara. La alegría a afiliarnos a los demás, a compartir, etc.

¿Y para qué nos sirve el asco?
Todas las personas somos  capaces de poner y de reconocer la “cara de asco”: nariz arrugada,  elevación del labio superior, descenso de los ángulos de la boca, fruncimiento del ceño, vocalización caracteristica…Y se acompaña de una sensación interna de fuerte desagrado y disgusto hacia sustancias y objetos como determinados alimentos, excrementos, materiales orgánicos pútridos o sus olores, que nos produce la necesidad de expulsar violentamente el contenido del estómago a través de la boca. En tanto que a nivel conductual nos impulsa a evitar, rechazar y alejarnos de aquello que nos provoca asco. Y en eso estriba su función de protección, pues nos impulsa a rechazar y evitar lo que puede ser peligroso para la salud.

Asco, y también pena y rabia, es lo que la mayoría de las personas sentimos al pensar en los animales hacinados y mal-tratados en las explotaciones de ganadería industrial (ver el programa Salvados: ¿Qué hay de la industria cárnica en España? de Évole). 
Asco nos provoca el olor repugnante y pútrido de las explotaciones ganaderas industriales y la visión de los miles de kilos de purines que almacenan en sus balsas y esparcen por los campos. Porque asco es la respuesta natural ante los desechos contaminantes y peligrosos para la salud.

Pena y rabia cuando pensamos en los pobres trabajadores que no ven otra salida para sobrevivir que ser esclavos en explotaciones ganaderas o en mataderos.

Y asco, mucho asco ante un sistema político y económico que protege y promueve una industria que deja toneladas de desechos y contaminantes en nuestro hogar la tierra, para que unos pocos depredadores se llenen de sucio dinero sus bolsillos.

 

 


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