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Contraportada

El dopaje

Por Juan Ignacio Lacarte
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El dopaje no se ve más que con los ojos de la mente y abonando la inteligencia  con ciertos conocimientos previos. En general, el moderno dopaje deportivo, es evidente cuando “aparecen” correcaminos incansables. O “gorilas” de musculatura exultante con la velocidad del rayo en sus movimientos y resistencia al esfuerzo (hombres.. y también mujeres)

¿Cómo algunos de estos estafadores no se detectan en los controles anti-droga? Porque comenzaron a doparse antes de hacerse profesionales, lo que suele denominarse “dopage precoz”, en plena pubertad o antes.

Así se obtienen varios “beneficios”… retrasar la pubertad para mantener una flexibilidad excepcional (gimnastas sobre todo), obtener estatura y fortaleza superiores (en deportes donde estas cualidades conllevan “lentitud”, stress tendinoso y cansancio (salvo en personas de razas concretas, con huesos más largos que la “blanca”)), o generar artificialmente una musculatura y fisiología de esfuerzo potenciada, y desarrollar así cualidades ya apuntadas por naturaleza. Si a un jovencito futbolista prometedor por su velocidad se le empieza a dopar tan pronto ficha por…a los quince años, se convierte en un rayo regateador al que nadie podrá apartarle la pelota de los pies, por ejemplo.

El denominado “expediente biológico” de los dopados precoces no vale ni el papel que lo recoge, pues sus “constantes vitales” están ya falseadas con anterioridad. Esto permite el disimulo y que se utilice con total impunidad un par de veces cada temporada el “dopage de recuperación”.

Esto es un hecho, incluso investigado judicialmente en España por presiones desde el extranjero ante la multitud de evidencias basadas en la ciencia médica. Pero,…la vergüenza nacional puede ser tan grande que haya que hacer lo necesario para silenciar las pruebas judiciales.

La investigación judicial se afirma que “no ha llegado a resultados incriminatorios” para los culpables, de modo que todo continua igual, aunque las pruebas sean irrefutables y hayan sido confirmadas por las declaraciones de los médicos imputados (y se reconociese la extensión que había alcanzado desde hace tiempo el dopage en el noreste de la península)

Los éxitos deportivos identifican a los simpatizantes y pueden ser un aglutinante de voluntades a favor de un club que apoya al secesionismo…. cualquier antiguo jugador de ese club conoce a quien debe dirigirse para que le dé algo al chico que es un poco débil a los catorce años,… cualquiera que tenga “los contactos” y pague lo necesario tendrá a su disposición la receta medicinal oportuna,…

…aunque hay países en que los medicamentos en cuestión se compran en un supermercado, pero el riesgo de automedicarse es muy real con tales productos.

Las leyes protegen a los delincuentes. No pueden identificarse públicamente los deportistas de “élite” dopados, ni los que han abandonado prematuramente la competición, ni a los que han muerto a edades tempranas, impropias para cuerpos tan sanos y potentes (tenis, ciclismo, salto, fútbol…)

Las leyes protegen a los delincuentes, y cuando éstas no bastan, está la política para ayudarlas. Con anterioridad a este “caso” judicialmente investigado por “presión” internacional de flagrante dopage “institucional secesionista”, se contrataban y nacionalizaban deportistas y entrenadores de lugares dónde se sabía que habían investigado tanto las sustancias como los métodos para enmascararlas.

¿Ha habido “noticias” de estos hechos? ¿Periodismo de investigación? ¿Justicia para los deportistas honrados, así estafados? Vergüenza nacional es lo que hay.

¿Qué ocurre, pues? Ningún deportista profesional que se enfrenta a un dopado ignora el origen de las “increíbles” capacidades físicas de su adversario, y ante el silencio general, ¿qué ejemplo recibe? O te dopas (y te arriesgas si tienes 20 o más años) o estás “fuera”. La estafa no proyecta sus efectos sólo sobre otros deportistas profesionales, también sobre el público “admirador” de los dopados, sobre las nuevas generaciones de deportistas que no se explican cómo no pueden ni acercarse a esos resultados, sobre políticos ¿de buena fe? que ufanos proclaman las excelencias de sus programas de preparación,…

No, ningún dopado puede figurar siquiera en el ranking de mejor jugador, por más alabanzas que reciba de quienes no pueden ignorar la causa de sus triunfos.


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