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Contraportada

¿Cómo se llega a ser el mejor de la historia?

“Ser el mejor pasa por comprender factores que otros desconocen”
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Por Juan Ignacio Lacarte González 

9) Continuamos estudiando elementos fundamentales poco evidentes.

Tilden.

La eficacia de un golpe propio presupone que ha pasado la red (y “entra” en la pista), por tanto, la seguridad de los propios golpes es un factor de la eficacia. Esto lo ve todo el mundo. Para muchos ese objetivo de no fallar llena casi por completo sus aspiraciones.

Pero dependiendo de cómo se consiga, aporta muy poco al resultado fundamental de la idea de eficacia, es decir, obtener respuestas del adversario que permitan dominar el intercambio y, eventualmente, hacerle fallar o poder poner la pelota fuera de su alcance, sin asumir demasiados riesgos.

Fallar poco implica unos movimientos técnicos que permitan golpear cada pelota con la altura, efecto (control) y dirección precisa para que caiga dentro del campo adversario. Los principios físicos que se reflejan en esos movimientos son idénticos para todos los golpes, desde el servicio a una volea. Esto no es evidente para muchos “campeones”.

Como en los intercambios de golpes hay poco tiempo para pensar, y nuestra mente necesita mucho y bien dirigido entrenamiento para pensar dos cosas diferentes en centésimas de segundo, el jugador aprende a obtener los tres parámetros que otorgan la seguridad con un solo movimiento (una sola idea a retener)

Ese movimiento se facilita con la manera de empuñar la raqueta. Por ejemplo, empuñando con la palma de la mano debajo del puño (western), lo que ha llegado a ser común (…) para los golpes de “drive” de la inmensa mayoría de jugadores y jugadoras contemporáneos, el movimiento de golpeo es siempre “hacia arriba”, con efecto “vertical” (liftado fuerte, “top spín”)

Otorga una gran seguridad de que la pelota pasará por encima de la red llevando bastante rotación hacia delante como para hacerla caer dentro de la pista, por rápido que haya sido el gesto (y potente),… pero desde luego esto no basta para que tal tiro sea “eficaz”. O sea, además de no fallar el tiro debe integrar alguna cualidad, como la colocación y las características del bote, o se estará “entrenando” al adversario más que obligándole a elevar su nivel de respuesta.

Rosewall.

En el tenis profesional, las probabilidades de que un tiro con “top spín” favorezca el ataque del adversario son casi parejas a la eficacia obtenida por ciertas características del bote inducido a la pelota con esa técnica. Además, el gesto técnico con el tipo de empuñadura comentado requiere importante dispendio de energía corporal, y una gran precisión para tocar la pelota con aprovechamiento de ese gasto energético. Hay que entrenar mucho y constantemente, y no es un factor de superioridad por sí mismo, aunque cuando Björn Borg lo popularizó si se bastaba para dársela a él.

Mucho más habrá que analizar (…) sobre este tipo de golpe, desde antes de Borg y hasta el momento presente, pero, por el momento, baste la reseña de que seguridad no es sinónimo de eficacia,… aunque sí se integra en la idea.

Los campeones obtienen seguridad gracias a sus gestos técnicos, y en ellos las empuñaduras que emplean para los diferentes golpes y situaciones son determinantes.

Y como es necesario emplear varias formas de empuñar, el cambio de una a otra ha de participar también de absoluta estabilidad (grip firme) y seguridad (siempre igual)

Este factor también es objeto de entrenamiento y no todos los campeones lo han perfeccionado. Ilie Nastase, Carlos Moyá, Miroslav Mecir (en el servicio) son ejemplo de campeones con problemas constantes en la estabilidad de sus gestos técnicos y cambios de empuñadura que les obligaron a tomar soluciones de compromiso para “no fallar” en detrimento de la eficacia…

La eficacia está ligada a la técnica de los gestos, pero también, como se apuntó en anterior comentario, a circunstancias del juego por completo ajenas al control del jugador. Tanto para un campeón como para un jugador que desee progresar (“ser mejor”) estudiar estos parámetros es decisivo, marca diferencias.

Desde este punto de vista, se destacan en la carrera por ser “el mejor” Bill Tilden, Rod Laver y Ken Rosewall.

(continuará)

 

 


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