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DE PÁJAROS E INSECTOS Reseña del libro de poesía “Tierra de nadie” (Anorak Ediciones, 2018) de David Lorenzo

Por Susana Diez de la Cortina
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Tras asistir a la presentación de “Tierra de nadie” hace unos pocos meses en la Casa de Aragón en Madrid, a cargo de su autor y del poeta Ángel Guinda, leí aquella misma noche el librito y me prometí volver a echarle otro vistazo más reposado, porque lo que ya tenía decidido desde el primer momento es que escribiría sobre él alguna reseña.  Me llamó la atención de inmediato la mayor homogeneidad temática entre los títulos de los poemas que entre los poemas mismos, como si su joven autor, David Lorenzo Cardiel (Zaragoza, 1993), nos estuviera presentando en este su primer poemario publicado una selección de poemas de un corpus anterior más extenso, y hubiera unido las piezas de esa construcción usando la argamasa de unos títulos que, en ocasiones, parecen querer competir en número de caracteres con el cuerpo mismo de los versos:

El número de Iribarren o cómo los sentimientos mueren como olas en la vida rocosa

Allí donde se retuercen los reptiles,
mis pensamientos,
es donde nacen mis pretensiones
y muere mi fuerza.
(Lorenzo 2018:37)

Lo que en la segunda lectura aprecié como mayor elemento cohesionador, sin embargo, fueron los seres volátiles, que pueblan tanto los títulos –muy narrativizados y, las más de las veces, articulados por medio del engranaje de la disyunción–  como los versos: los pájaros e insectos. Animales en vuelo que actúan socialmente, enjambrados, o se desplazan en bandadas, que operan en formación: ¿tal vez una crítica social, o la perplejidad de una subjetividad poética de irreductible vocación individualista ante esas maneras de proceder, o ambas cosas? Estas preguntas se responden, en parte, gracias a los escarabajos que, desde la portada y hasta el mismo final, pululan también por el libro, de tan kafkianas reminiscencias. Y así, este autor que se confiesa diciendo “Me hago ilusiones con las cosas más nimias” (Lorenzo 2018:26) y cuyo “yo” poético le hace decir:

Soy la periferia,
el amigo del que nadie se acuerda,
el tío majo con el que echar unas risas
pero en el que nunca pensarías
para etiquetarlo en una canción en Facebook.
(Lorenzo 2018:17)

termina este intenso poemario, que no es sino una honda y sentida reflexión sobre las múltiples formas de metamorfosis que puede experimentar un individuo (“soy oruguita de bajos vuelos/ que ha aprendido a defenderse de los pájaros”, pág.51), con el revelador poema que transcribo para dar fin a mi reseña, esperando haber suscitado con ella la curiosidad lectora:

Vida de escarabajo

Consciente de que todo tiene un final,
miro mis huellas y las guardo en la retina,
una imagen invertida que es sueño
y que luego se convertirá en silencio.

 


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