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Opinión

Libro y saber

Por Héctor Castro Ariño
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El pasado sábado la Agencia EFE publicó una información relativa a la librería portuguesa Bertrand, que está considerada como la más antigua del mundo. La crónica que firmaba Pedro Talet Cara consiguió despertar mi curiosidad en torno a Bertrand e hizo que reflexionara con respecto a la literatura y los libros.

Corría el año 1732 cuando el francés Pedro Faure fundó la Livraria Bertrand (parece ser que el local llevaría originariamente su nombre) en Lisboa. Así pues, estamos hablando de un comercio que lleva abierto 287 años y, en el caso de una librería, su mérito se multiplica. En 2011 el establecimiento fue inscrito en Libro Guiness de los Récords como la librería más antigua del mundo que aún se mantiene activa. Eso sí, en la actualidad forma parte del Grupo Porta Editora y tiene una red de más de 50 librerías distribuidas por todo Portugal. Aun así y, en un mundo en el que la lectura no obtiene demasiados buenos resultados y en el que los videojuegos y los dispositivos electrónicos invaden el tiempo de ocio, es extraordinario el hecho de que Bertrand  acumule ya una vigencia de cerca de tres siglos.

Algunos románticos nos resistimos a olvidar el tacto y el olor de las páginas de un libro o de un diario, sin que ello sea incompatible con el mundo editorial digital. Sería estúpido querer ponerle puertas al campo, por lo que debemos aprender a convivir y utilizar complementariamente lo digital con lo analógico. Y qué mejor ejemplo que defender el libro tradicional a través de un escrito publicado en un diario digital. Y es que en un momento en el que los Uber y Cabify de la lengua y la literatura han venido para quedarse, debemos adaptarnos y aprender a cohabitar con dos modelos de lectoescritura que se completan entre ellos. Cada uno tiene su rol, y la librería Bertrand, sita en la calle Garret de la capital lisboeta, cumple una función básica, comenzando por la belleza de su edificio, tanto interior como exterior. Y, llegados a este punto, permítanme evocar el placer que se siente al entrar en una gran biblioteca que atesora miles de volúmenes. Sí. Uno de esos templos del libro y el saber que, mediante la lectura, te teletransportan mentalmente a cualquier época y civilización.

La librería Bertrand ha sido, es y esperemos que siga siendo un lugar de encuentro de la cultura, un emplazamiento para la tertulia y un espacio donde sus obras nos proporcionen conocimiento, pericia, entretenimiento y diversión. Este local desprende historia e historias por todos sus costados. Son muchos los escritores que han pasado por esta librería a lo largo de sus casi 300 años de historia, y muchas las veladas literarias que ha acogido. Y desde 2017, año en el que se conmemoró su 285 aniversario, la librería cuenta con el Café Bertrand, un espacio fuisonado en el inmueble que permite a los clientes deleitarse con una infusión mientras se recrean en la lectura.

Leer nos estimula la imaginación, nos da conocimiento y nos proporciona agilidad mental, entre otros muchos beneficios. Podríamos invertir muchos vocablos y muchas oraciones para argüir, de un modo reiterado y sobrado, tales juicios. Sin embargo y, a modo de colofón, citaré al escritor y político inglés Joseph Addison, que creo que es quien mejor los sintetizó al afirmar, de manera brillante, que “la lectura es para la mente lo que el ejercicio es para el cuerpo”.


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3 Comments

  1. Hola Héctor,
    yo también soy de los que piensan que el olor de las páginas de un libro y su disfrute, nunca podrán ser sustituidos por los métodos más «modernos». Una lástima que las librerías que quedan y se resisten a ser eliminadas por las nuevas tecnologías, antes o después, deban cerrar sus puertas.
    Gracias por tu artículo, se echan en falta más en la misma línea.
    Saludos

    1. Hola:
      Efectivamente, como muy bien apuntas, la tecnología nunca podrá igualar al romanticismo de las páginas de un buen libro 😉 ¡Quién sabe si las librerías tradicionales volverán a repuntar!
      Un saludo.
      Héctor Castro

  2. Hola:
    Totalmente de acuerdo con tu apreciación; la tecnología nunca podrá igualar el romanticismo de las páginas de un buen libro. ¡Quién sabe si las librerías tradicionales volverán a repuntar!
    Un saludo,
    Héctor Castro

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