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Barbastro, Opinión

Ministra Carcedo, usted sí que vive en el pretérito

Por Héctor Castro Ariño
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La ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, la peor valorada de los ministros junto con el titular de Agricultura por los españoles (según el último CIS) afirmó el pasado domingo, en una entrevista publicada en el diario El Mundo, que “cuestionar el aborto no es volver al (año) 85, es volver a la Edad Media”. Así de tajante, así de tolerante.

Señora ministra María Luisa Carcedo, ¿quién es usted para decirnos a la sociedad lo que podemos y lo que no podemos cuestionarnos? ¿Quién es usted para repartir carnets de retrógados y de avanzados? Pero, ¿no es el Ejecutivo del que usted forma parte el Gobierno del diálogo, la tolerancia y los relatores? Está claro que no o, al menos, no para todos.

La titular de Sanidad no se detuvo ahí. También afirmó que “las mujeres somos libérrimas. Somos libres en decidir si somos madres o no y no sentirnos culpables. Y buenos estaríamos los que tenemos cierta edad si esperamos a que esos niños puedan pagar las pensiones. Cuestionar el aborto no es volver al 85, es volver a la Edad Media. Da igual, ya puestos… echamos una carrerita y llegamos a la Edad Media. Y las mujeres en casa. Y sin carné de identidad y sin nada. Felices todos”. Pero, ¿es posible decir tantas sandeces, tantos despropósitos en tan pocas palabras? ¿Este es el nivel del Ejecutivo de Pedro Sánchez? Mucho me temo que sí. Señora María Luisa Carcedo, con todo el cariño, es usted la que vive en el pretérito. Sus declaraciones y ¿argumentaciones? sí que hacen retroceder a tiempos remotos y a los más totalitarios de los regímenes. Las izquierdas y, por tanto, también el PSOE, son quienes con mayor ahínco debieran de defender a los más débiles si siguieran con honradez las máximas socialistas. Los más indefensos son los nasciturus, los seres humanos concebidos pero que aún no han nacido. Ministra, usted ha realizado el juramento hipocrático y ha ejercido la Medicina. Defender la vida y, sobre todo, la vida humana, no es ningún retroceso, sino todo lo contrario. Señora ministra, usted confunde, o quiere confundir, el tocino con la velocidad. ¿Qué estupideces son esas de que “(…) echamos una carrerita y llegamos a la Edad Media. Y las mujeres en casa. Y sin carné de identidad y sin nada. Felices todos”. ¿Está usted afirmando que defender la vida es ser machista? Vayamos por partes. Usted representa la peor de las desigualdades, usted no cree en la igualdad entre mujeres y hombres. Y donde queda meridianamente claro su posicionamiento es en su afirmación de que “estamos hablando de la voluntad de la mujer y discutir esto ya… telita”. Es decir, que los hombres no tienen nada que decir. Así pues, usted cree que la decisión de abortar es solo una decisión de la mujer y que el padre de la criatura nada tiene que decir. ¿Es así como usted y su partido entienden y defienden la igualdad entre mujeres y hombres? Aun cuando yo parto del principio de que nadie podemos decidir sobre la vida de un tercero, le recuerdo que para que se produzca un embarazo se necesita de un hombre y una mujer. Además, sepa usted, que es tan avanzada y progre, que los hombres tienen la misma capacidad que las mujeres para amar y cuidar a los hijos, algo que es de comprobación palmaria.

Señora ministra, le voy a recordar unas consideraciones suyas de 2012 en referencia a la reforma de la ley del aborto que planteó el ministro de Justicia del momento, Alberto Ruiz-Gallardón. Usted escribió: “Pero, ¡qué obsesión por tratar a las mujeres como seres desvalidos, merecedores de protección y necesitadas de guía! O lo que es lo mismo, débiles, incapaces e inmaduros. Y, ahora, después del camino recorrido, descubrimos que se trata de personas tan endebles y frágiles que necesitan ser protegidas de las garras de los enemigos de la vida para que puedan así culminar felizmente su destino en la vida de criar hijos para el cielo”. Aparte de que su texto rezuma cursilería y demagogia barata por los cuatro costados, aún me cuesta comprender la última expresión, la que habla del “destino” y del “cielo”. El texto continuaba: “Pero la gracia de todo esto radica en que sea la mujer libremente quien decida cuándo, cuánto, cómo y con quién va a ser madre. El ser biológico en armonía indisoluble con el rol social”. ¡Menuda obviedad! ¿Quién impide a una mujer que elija “libremente cuándo, cuánto, cómo y con quién va a ser madre”? Hacia el final de su escrito, de nuevo vuelve a dejar meridianamente claro su trato desigual hacia hombre y mujer al señalar que “Con todo tipo de disfraces, en todo tiempo y ante cualquier oportunidad, aflora de forma reiterada el fantasma del destino de la mujer condicionado, en el mejor de los casos, por el azar que puede hacer cambiar el ritmo de la vida de forma inesperada. Y en el peor, despertando fantasmas, siempre amenazantes a la libertad de decisión de las mujeres sobre su propia vida, su función en la sociedad y su real gana”. Abortar no es decidir sobre la propia vida, abortar es decidir sobre la vida de un hijo. Le adelanto, señora ministra, que yo ni juzgo ni no soy nadie para juzgar a quienes han abortado, a menudo con bastante sufrimiento. Pero sí me siento en la obligación humana de responderle a usted.

Abortar no es quitarse un quiste de grasa, abortar es acabar con la vida humana de un nonato. Quizá preferiría usted que empleara ese eufemismo de “interrupción voluntaria del embarazo”, pero comprenderá que no me parece apropiado pues tan solo se trata de un circunloquio para lavar conciencias. Se puede decidir cuándo ser madre y padre sin necesidad de recurrir al aborto. Existen muchos métodos anticonceptivos para prevenir embarazos, aunque es cierto que, en algunas ocasiones, pueden no resultar efectivas. Pero repito, la solución no es el aborto, como usted propone. Dígame, ¿a partir de cuántas semanas y hasta cuántas semanas de gestación considera usted que se puede abortar? ¿Qué le parece abortar a los tres meses de gestación? ¿Y a los cuatro? ¿Y a los seis? Antes de practicar un aborto, ¿se explica la técnica del mismo a las parejas? Animo a todos los lectores a que busquen en la red de redes, internet; existen muchas páginas web donde se explican las diferentes maneras de realizar un aborto. La mayor parte se practican mediante el método de la “Succión”: “Se dilata el cuello del útero y se inserta un tubo hueco que tiene un borde afilado y está conectado a un potente aspirador, una fuerte succión despedaza al feto. Finalmente, como la cabeza es muy grande para pasar por el conducto del aspirador, se extrae con unos fórceps y se le deposita en un recipiente”. Hay otros métodos, como el de “Dilatación y evacuación (D y E)”: “Se inserta una sustancia de alga marina dentro de la cérvix para dilatarla. Al día siguiente se insertan un par de fórceps con dientes de metal afilados, con los cuales se arrancan y retiran, pedazo a pedazo, las partes del cuerpo del feto. Como usualmente la cabeza es demasiado grande para ser extraída entera, la aplastan por compresión antes de sacarla”. La Píldora post-coital, píldora del día siguiente o píldora del día después es también un método abortivo, cuidado, ¡no anticonceptivo! Este sistema hace que el (posible) óvulo fecundado no pueda implantarse en el útero. En este método la mujer ingiere una auténtica bomba hormonal. También está el método por “inyección salina”: “El líquido amniótico que protege al feto es extraído, inyectándose en su lugar una solución salina concentrada. El feto ingiere esta solución que le producirá la muerte 12 horas más tarde por envenenamiento, deshidratación, hemorragia del cerebro y de otros órganos y convulsiones. Esta solución salina produce dolorosas quemaduras graves en la piel del feto”. Mejor no seguimos, ¿verdad, ministra? El feto, ese ser humano aún no nacido, sufre extremadamente cuando se le agrede, cuando se le aborta. Además, la mujer a la que se le practica un aborto también padece física pero, sobre todo, psíquicamente. La mayor parte de mujeres y hombres que deciden abortar sufren, a posteriori, el síndrome o trauma post-aborto.

Señora Carcedo, lo que para usted parece ser una maldición es, para muchos hombres, un don que envidiamos. Como le digo, muchos hombres envidiamos lo que consideramos el privilegio de poder llevar en el seno a un hijo y alimentarlo y hacerlo crecer durante nueve meses. Claro que, a usted, habría que preguntarle cuándo considera persona o ser humano al feto engendrado. Aún recuerdo las palabras de la exministra de Igualdad, Bibiana Aído, quien en 2009 dijo que un feto de 13 semanas era “un ser vivo pero no un ser humano”. Vivir para ver.

Antes de finalizar mi alegato, señor ministra, sí debo reconocer que en algo estoy de acuerdo con usted al 100%. En la ya aludida entrevista del pasado domingo y, a colación con una pregunta sobre la eutanasia, usted afirmaba que “Es la persona quien decide la eutanasia. No los profesionales, ni sus familiares, ni los parlamentarios, ni los jueces. Es la persona según sus valores éticos, sus valores religiosos y su concepción de la vida y de la muerte”. Totalmente de acuerdo. Sin entrar a valorar aquí la ley de la eutanasia, está claro que la eutanasia debe entenderse como una decisión personal sobre la vida de uno mismo que no determina la existencia o la muerte de un tercero. Así pues, creo que la diferencia entre aborto y eutanasia es palmaria, a pesar de que, a menudo, los defensores del aborto mezclan churras con merinas.

Independientemente de si las personas tenemos o no creencias religiosas, sean cuales sean, yo defiendo la vida del nonato por una cuestión humana, así de simple, así de contundente. A mí no me gusta hablar de motivación humanitaria o de humanidad, porque ello podría interpretarse con algún matiz semántico de caridad o de compasión, cosa pervertiría totalmente el asunto pues nadie puede decidir sobre la vida de un tercero. Repito, se trata de ser lo que somos, personas, seres humanos.


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3 Comments

  1. La ley de la paridad, o igualdad, dice que ha de haber tanto número de hombres como mujeres en los órganos colegiados públicos, pero debería añadir “dotados de sensatez”, porque las mujeres que hay en el gobierno del doctor Sanchez, salvo la de Defensa, son mayoritariamente tontas de baba, est’upidas y como decimos por aquí unas “poca sustancia” Está visto que solo el sexo no es criterio suficiente para seleccionar a los mejores, y a la hora de elegir, además de mirar por debajo de la falda, habría que mirar tambien por encima del hombro.

  2. no estas de acuerdo con el aborto, eso me ha quedado claro, los argumentos que usas son tan necios como los que puedo usar yo para defender lo contrario, no puedes obligar a nadie a abortar pero tampoco debes obligar a nadie a tener un hijo que no desea por las circunstancias que sean …..asi que deja que cada cual haga de su vida y de su cuerpo lo que entienda que es lo mejor para el, ella ……
    salut y força al canut

  3. Si calificas de necios los argumentos del autor te ruego que los tuyos ( para rebatirlos) no lo sean, porque hay que ser necio de verdad para reconocer que tus argumentos son necios. Creo que es la primera vez en mi vida que leo algo así. Me refiero a esta frase para enmarcar : “ los argumentos que usas son tan necios como los que puedo usar yo para defender lo contrario.” Sublime. La estupidez saca pecho y alardea. Corren tiempos en que vemoscosas que nunca pudimos sospechar.
    Deduzco que por ser un necio (así te calificas) tu critica al artículo carece de sentido.

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