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Barbastro, Opinión

In memoriam: Eusebio Satué Bescós

Por Blas Broto Campo

Hace dos mes, el 25 de enero,  enterramos en Barbastro a Eusebio Satué Bescós, cumplidos ya los 100 años, quizás el último barbastrense superviviente de los que sirvieron como soldados en la guerra civil.

Ambos nos apreciábamos y gustaba de hablarme de sus recuerdos, como si sintiera alivio y quisiera que no cayeran en el olvido.

En fecha que no recuerdo, quizás en los años 60,  Eusebio  cogió un cuaderno y un  bolígrafo y comenzó a escribir sus  memorias bélicas, con buena claridad descriptiva y gran profusión de detalles. Hace unos 10 años me prestó el cuaderno que leí admirado, y a través de sus palabras volví a encontrarme con los paisajes y circunstancias que antaño había leído en los libros de Historia; esta vez guiado de la sincera pluma de Eusebio.

Le tocó hacer la mili en el ejército republicano y anduvo por el Pirineo de Lérida haciendo improvisadas carreteras;  de aquellas alturas lo bajaron urgentemente a los llanos del Segre,  al puente de Serós para la famosa e importante batalla que en su puente hubo; su descripción es admirable; antes estuvo  en las cercanías de Caspe, quizás que en la primera invasión republicana en la batalla de Ebro; lo llevaron  a Madrid (Chamartín) pasando por Valencia, al regimiento de Enrique Lister que acudió a la batalla de Teruel. Allí, en Valdealgorfa, horrorizado por la refriega se metió dentro de una olivera para guarecerse de la metralla… Desanimado de aquella carnecería, desertó y abandonó el campo de batalla, errando solo como joven prófugo  abatido;  mediante argucia que despistó al centinela cruzó el puente de Mora sobre el Ebro (el que fotografiara Capa con Hemingway, que andaba por allí de corresponsal)  para andar hasta Reus, por el Priorato, donde tenía familia. De Reus volvió a Barbastro, desencantado de todo, pero fue captado  de nuevo por la milicia republicana para luchar por la Ribagorza contra las tropas vasco- navarras que entraban en Aragón.

En Serós, tras esconderse en una acequia, se refugió en la falsa de una casa vacía de un pueblo abandonado, hasta que  un día, en medio del silencio, oyó  de alguien  por la calle: «Abandonad las armas, y salid con los brazos en alto que no os pasará nada»  Eusebio salió a la calle manos en alto, y se dirigió al alférez del ejército de Franco que echó mano al bolsillo, y sacó un puñado de higos:

‑ Come que tienes hambre…

«¡¡ Y llegó la paz, la paz, la paz…!!» ‑me decía.

Para Eusebio el fin de la guerra supuso la paz, palabra mágica que pronunciaba  con admiración, alargando la vocal para disfrutar del profundo deleite de su sonido….

El ejército nacional lo concentró en un cine de Binéfar, y de ahí a otro campo de concentrados en Miranda de Ebro (donde la comida escaseaba y comían ratas) para luego  repetir la mili en La Línea de la Concepción; allí fue muy bien tratado por un oficial, que le amparó y le animó a reengancharse.

En sus recuerdos destacan dos anécdotas:

Una en el Pirineo de Lérida, a pocos metros donde estaba la línea de fuego con el ejército de Franco. Los franquistas estaban en lo alto del valle y los republicanos en el hondo. Los soldados de ambos bandos  habían entablado una cierta relación, a escondidas de los mandos, y los franquistas les pasaban algo de comida para paliar el hambre; un día el mejor amigo de Eusebio, un catalán de san Juan de las Abadesas que cita con nombre y apellidos, acudió a la línea franquista en búsqueda de pan. Pero algo sospechaba el comisario político  republicano (comunista, como todos los comisarios) que urgió formar filas y numerarse: faltaba el gran amigo de Eusebio:

– ¿Dónde está tu amigo?

‑  No lo sé ‑dijo Eusebio‑  quizas a coger setas.

Y al poco surgió del bosque  con un pan bajo el brazo. El comisario le mando parar, fue hacia él, sacó la pistola del cinto, le apuntó la sien y disparó. Esa noche, en la tienda de campaña, Eusebio lloró desconsoladamente la muerte de su mejor amigo, aquel con quien compartía todas sus confidencias, temores y esperanzas, incluso le enseñaba catalán…; el dolor le  sacó de quicio, enloqueció y  con aquella rabia desatada  pensó matar al comisario… pero le habían dejado sin munición.

En sus memorias concreta  también el nombre y apellidos del aquel comisario  y el municipio de nacimiento, también catalán. Para que lo sepa la Historia.

La segunda anécdota ocurrió durante la batalla del Ebro: Por un barranco bajaban varios heridos republicanos en camilla, camino de la ambulancia. Cuando  Enrique Lister (comunista) vio la fila de parihuelas la mandó parar,  subió hacia ella y, uno a uno, fue  lanzando los heridos al barranco. Lister no admitía heridos entre sus filas.

Eusebio y Robert Capa

Robert Capa
Robert Capa

Es curiosa la coincidencia espacial y temporal entre el famoso fotógrafo de guerra  húngaro y Eusebio.

Capa estuvo en Mora de Ebro, con Ernest Hemingway, y fotografió su puente, el que atravesó Eusebio mediante engaño al centinela. También estuvo en la casita de La Canadiense junto al canal de Serós, donde Eusebio y un amigo robaron unas bragas tendidas para sustituir sus gastados calzoncillos. Y Capa estuvo en la feroz batalla de Serós, donde llegó desde Aitona. El reportaje de esa batalla integró su libro This is war (esto es la guerra) junto con otras imágenes del desembarco de Normandía , y cuatro más batallas.

https://www.google.es/search?q=this+is+war+robert+capa&client=safari&hl=es&prmd=ivsn&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=2ahUKEwiUjve50ZHhAhVAAmMBHd4FCqAQ_AUoAXoECA4QAQ&biw=768&bih=917#imgrc=XML6fLCuWl9NTM:

Hace unos 15 años pensé que sería de mucho interés grabar en  video la entrevista con algunos vecinos, ya mayores, llenos de recuerdos para que su testimonio perdurara. Pero la idea no pareció gustar a Eusebio, y no insistí.

En su caso  queda el testimonio escrito, para agradecimiento de la Historia.

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2 Comments

  1. Blas, ese testimonio escrito ha de salir a la luz. ¿Hay alguna posibilidad de publicarlo o ponerlo a disposición del público?

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