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Se cumplen 25 años de los juicios a tres pacifistas de Barbastro, pioneros de la insumisión en Huesca

Michel Mur, Juan Rodríguez y Gerardo Pano abrieron el camino de este movimiento en la provincia
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Parece lejano pero hasta 1998, los jóvenes de este país al cumplir los 18 años tenían la obligación de incorporarse a filas para realizar la instrucción militar durante un año. La presión social generada por unos jóvenes antimilitaristas, denominados insumisos, generó un caldo de cultivo que tuvo como consecuencia más directa la profesionalización del ejército.

La insumisión en la provincia de Huesca despuntaba como en otras partes del país hace 25 años. Los primeros jóvenes pacifistas juzgados por no realizar el servicio militar obligatorio ni la prestación social sustitutoria (siendo objetores de conciencia) fueron de Barbastro: Juan Rodríguez, Michel Mur y Gerardo Pano. Los dos primeros fueron juzgados en 1993 y del juicio a éste último se cumplirán 25 años el próximo día 31. Tras su causa, llegarían la de tres insumisos altoaragoneses más, que fueron los pioneros de este movimiento de desobediencia civil que culminó con la transformación del modelo de ejército en profesional, medida adoptada por gobierno de José María Aznar, quien también indultó a los insumisos condenados.

Un cuarto de siglo después alguno de estos pioneros, Juan Rodríguez, Gerardo Pano y el oscense José Luis Cabrero, rememoran sus juicios y lo que supuso el movimiento insumiso en sus vidas y en la sociedad actual.

La insumisión en España tiene sus orígenes en el movimiento de objeción de conciencia en los años 60 – 70 donde ya hubo ingresos en prisión de jóvenes que no querían hacer el servicio militar por principios ideológicos. Pero fue a raíz del referéndum del Gobierno socialista de Felipe González para entrar en la OTAN en 1986 cuando se avivó. En 1987 es cuando ya se puede hablar de insumisos a raíz de la ley del PSOE de realizar una prestación social sustitutoria obligatoria para aquellos jóvenes que no quisieran hacer la mili. “El objetivo de la objeción era acabar con el servicio militar y cuestionar el militarismo y las guerras. Ante la obligación de realizar un servicio de prestación sustitutoria, se plantea la insumisión, negándote a hacer la mili y la prestación que no hacía más que apuntalar un servicio militar muy cuestionado. Siempre había habido deserciones, en el campo la gente tenía que abandonar sus explotaciones, para muchos jóvenes era un año perdido”, explica Juan Rodríguez, que decidió hacerse insumiso a los 21 años, durante sus estudios en la Universidad de Zaragoza.

Su actitud fue la de entregarse voluntariamente junto a otros compañeros al Juzgado Militar de Zaragoza y más tarde en Huesca. Algunos de esos primeros insumisos fueron encarcelados con penas que iban de 1 año a 2 años, 4 meses y 1 día (la pena mínima para entrar en prisión). Además el PSOE endureció estas penas imposibilitando a estos condenados a disfrutar de becas públicas o poder ser funcionarios. “Yo tenía todo el proceso judicial militar y sólo faltaba fijar el día del Consejo de Guerra. Pero ante el malestar social que se generaba, el Gobierno decidió cambiar la ley para que fuéramos juzgados por un tribunal civil”, explica. Su causa coincidió en el tiempo con la de sus otros dos compañeros barbastrenses Michel Mur, el primero en ser juzgado, una semana después fue la de Rodríguez, en 1993, y el 31 de mayo fue la de Gerardo Pano. “Yo empecé a introducirme en el movimiento insumiso en Zaragoza mientras estudiaba en la Universidad al conocer al Comité de Solidaridad Internacionalista y al asistir a las actividades que se organizaba en la Casa de la Paz en el Paseo Sagasta. Ahí se montaban charlas sobre pacifismo y activismo social. Cuando me tocó acudir a filas a Puerto de Santa María (Cádiz) notifiqué que no me incorporaba y comenzó mi trámite judicial –explica Pano-. Teníamos claro que las guerras se hacen por negocio, como ha pasado en Irak por el petróleo, que los mandos militares están conchabados con los gobiernos o poderes fácticos que mataban a campesinos o a los jesuitas en Latinoamerica, veíamos cómo funciona el mundo y por ideología no queríamos participar de una estructura militar cómplice de guerras por negocio y matanzas a civiles. El referéndum de la OTAN también quemó mucho”.

El oscense José Luis Cabrero adquirió su compromiso de forma temprana en el movimiento Scout en Huesca, aunque su paso decisivo fue tras escuchar a una joven de la Asamblea Antimilitarista durante una campaña contra el juguete bélico que se regala en Reyes. “Para mí el movimiento insumiso ha supuesto una escuela de desobediencia civil, que es muy necesaria hoy en día. Yo no quise hacer la mili porque gracias al movimiento antimilitarista conocí cómo estaba organizado el orden mundial y cómo los ejércitos lo sustentan. Además también se denunciaba que la objeción era un castigo porque era más larga que la mili y quitaba puestos de trabajo. Eso había que denunciarlo. Me hice objetor y cuando fui llamado al Ayuntamiento de Huesca, les comuniqué que no quería hacerla”, explica Cabrero.

La insumisión en la provincia de Huesca y Aragón tuvo gran peso social, con decenas de jóvenes que optaron por la desobediencia civil. De hecho, en proporción de insumisos, Aragón fue una de las comunidades donde más cuajo tras Euskadi, Navarra o Cataluña. En la provincia de Huesca contó con grandes apoyos, sobre todo de las madres que tejieron una red solidaria acudiendo a manifestaciones, conciertos reivindicativos, consiguiendo firmas de apoyo, dando ruedas de prensa… Asimismo el Justicia de Aragón respaldó la causa de estos insumisos y el obispo de Huesca Javier Osés fue un gran valedor de estos jóvenes, al igual que el movimiento cristiano de base.

En el caso de la provincia de Huesca, el juez de lo penal, José Luis Nieto, aplicaba la sentencia de acorde a la ley pero acto seguido solicitaba que no se ejecutara y pedía el indulto, como ocurrió en el caso de Pano. “En Zaragoza fueron muchos a la cárcel, en Huesca tuvimos más suerte con este juez”, explica.

Se puede considerar el fin de la insumisión en 1998 con la profesionalización del ejército y los indultos por el Gobierno popular de José María Aznar. “Contar con un ejército profesional ha sido una consecuencia del movimiento insumiso y se puede considerar un triunfo de los insumisos que todos los jóvenes de hoy en día no tengan que ir obligatoriamente a hacer el servicio militar. Estamos orgullosos de lo que hicimos y es muy difícil ya que con este grado de libertad se vuelva atrás (en alusión a propuestas como VOX de implantar la obligatoriedad del servicio militar). Fue una conquista social pero hay que seguir reflexionando sobre lo que es la guerra y lo que supone el ejército”, explican Rodríguez y Pano. No obstante a juicio de Cabrero, el movimiento insumiso “no ha terminado nunca, yo me sigo considerando insumiso y todos los que conozco están implicados en cuestiones sociales”.

 


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