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Monzón, Opinión

Medio Ambiente, medio vacío

Gonzalo Palacín Guarné
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Los incendios acontecidos en los últimos días dejan patente una vez más dos de los principales retos que debe afrontar nuestro país y sobre los que no debemos retrasar ni un minuto la puesta en marcha de medidas. Me refiero al reto demográfico (despoblación del medio rural) y el reto medioambiental (efectos del cambio climático).

Son dos cuestiones que afectan al conjunto de nuestro país y que están íntimamente relacionadas. No sólo porque la “España rural-vacía-vaciada” concentre gran parte de la riqueza medioambiental de nuestro país o porque al medio natural local le afecten comportamientos globales sino porque también aquí se generan gran parte de los recursos necesarios para la vida en las ciudades.

En el Alto Aragón, como exponente de lo que se considera la España interior o el medio rural, todos somos conscientes del avance de la despoblación y de cuáles son las consecuencias de la falta de oportunidades, sobre todo en los municipios menos poblados. Las administraciones locales y la propia sociedad llevan años exigiendo y poniendo en marcha medidas que intenten revertir esta situación. La cuestión es que la capacidad y profundidad de estas medidas es limitada ya que los recursos con los que pueden contar los entes locales (diputación o ayuntamientos) o incluso el gobierno autonómico también lo son. Por eso es fundamental que el debate sobre la despoblación haya calado en los partidos políticos, medios y en la opinión pública a nivel nacional. Por primera vez el actual Gobierno en funciones ha sentando las bases para afrontarlo, ahí están las medidas que emanan del informe de la Comisionada para el Reto Demográfico.

Un reflejo claro de la despoblación es el abandono de los municipios más pequeños, un goteo incesante iniciado a mitad del siglo pasado sobre todo en los territorios menos accesibles y más alejados. Esta perdida constante de población hace que las tierras que antes eran de labor queden sin uso, facilitando el avance sin control de la masa forestal. Una masa forestal que antes, cuando se podían extraer recursos de ella, generaba riqueza pero que ahora es un problema ya que está acabando con zonas de paso y acumulando una ingente cantidad de combustible. Esto de por sí es un problema pero además a esto hay que sumar las consecuencias que trae consigo el cambio climático: incremento de las temperaturas, menores precipitaciones y la existencia de más olas de calor. Y la conjunción de estos dos factores, el abandono y el incremento de las condiciones de riesgo, hace que estas zonas sean terreno abonado para los incendios. Incendios que cada vez  son más complicados de  detectar, controlar y extinguir. De hecho los datos nos dicen que cada año se producen un mayor número de Grandes Incendios Forestales (incendios que calcinan más de 500 Hac.) Y según los expertos, ahora más que nunca, la mejor solución para combatir estos incendios es la preparación y el cuidado del terreno.

El abandono de las tierras de labor y del medio rural no es algo fortuito. A la falta de servicios y de oportunidades laborales hay que sumar la existencia de una sobrerregulación que en muchas ocasiones impide a los vecinos poder realizar las labores que llevaban a cabo sus antepasados, facilitando que se abandonen actividades que son el único sustento posible en muchas zonas de nuestro Pirineo.

Tanto las políticas para afrontar el reto demográfico como las del protección del medio ambiente y lucha contra el cambio climático deben estar planteadas o coordinadas desde el territorio y no únicamente desde un despacho en la capital. Estas medidas deben permitir a los verdaderos cuidadores del entorno aprovechar la riqueza que les rodea al tiempo que permitirá mejorar las condiciones en las que se encuentra nuestro medio natural.

Es cierto que inicialmente las movilizaciones reclamando medidas para combatir la despoblación han partido siempre desde la españa vacía, aunque finalmente han llegado hasta Madrid (ahí está la manifestación de la “España Vaciada” del 31 de marzo). En cambio las grandes concentraciones en defensa del medio ambiente o de lucha contra el cambio climático se celebran habitualmente en las grandes ciudades (salvo contadas excepciones y normalmente ligadas a problemas locales). Esta ausencia de presencia de la España Vacía en la defensa de valores medioambientales desde mi punto de vista no tiene ningún sentido ya que las consecuencias de esta inacción la sufriremos más si cabe los habitantes de las zonas rurales.

Por eso es tan necesario que podemos influir en la toma de decisiones, que demos nuestra visión sobre las medidas a llevar a cabo porque esta visión será más realista y con mayor conocimiento de causa. Y porque también en la lucha contra el cambio climático debemos encontrar oportunidades de desarrollo tan necesarias en nuestros territorios. No podemos esperar más, debemos alzar la voz para tener un medio rural con oportunidades, sostenible y sano

 


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