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Barbastro, Opinión

Hay vida fuera en la calle

Por Daniel Vallés Turmo
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La veo por la mañana tomando el café en la Plaza del Mercado con sus amigas. Antes, lo hacía con las compañeras de comercio en un bar cercano a su boutique de ropa, mirando de reojo a la puerta de su establecimiento por si miraban el escaparate o entraba algún cliente.

Le pregunto “qué tal la jubilación”, horas más tarde. Me contesta que ha descubierto que “hay vida fuera en la calle”. La he visto contenta y la frase se ha quedado en mi memoria grabada.

Recuerdo a mediado de los años 80 cuando la veía que iba a Barcelona a comprar ropa en las tiendas de mayoristas que había en las calles debajo de la Plaza Urquinaoa. Luego, volvía con bolsas llenas en el autobús de línea.

Esta experiencia la he visto, hace poco años en el propio Londres, donde los propietarios de boutiques iban a las calles del Este donde están los jóvenes diseñadores, pero en vez de bolsas iban con los porta ropa con ruedas que vemos en muchas películas dedicadas al mundo de la moda.

Ciertamente, estar todo el día en una tienda sin poder salir, debe acabar haciendo tener esa “sensación de prisión” que se libera cuando ya no tienes la obligación de “mantener la puerta abierta”.

Una obligación que, muchas veces, hace que descuides tu salud y temas personales por no desatender a la clientela. Así, me lo contaba otra amiga ese mismo día, que regenta otro establecimiento comercial.

Y, cuando ya no hay otra opción, vemos ese cartel “cerrado por enfermedad” o por “visita médica”. Por eso hemos de ser conscientes que un establecimiento comercial también es un servicio a la comunidad.

Mi madre, que regentó dos establecimientos comerciales, siempre me hablaba de las obligaciones de “tener una puerta abierta al público”. Ahora lo comprendo un poco mejor.

Luego hay otra liga, la de las grandes franquicias de ropa que hacen que todas las ciudades sean iguales en sus calles principales. Algo parecido, y eso es positivo en algunos aspectos, le está ocurriendo al Coso de Huesca.

Dos grandes buques del mundo de la ropa, Inditex y Tendam (Cortefiel) van abriendo nuevas tiendas de sus marcas. La última es Springfield, del Grupo Tendam, junto a los porches de Galicia.

Parece que la peatonización está convirtiendo el Coso en un Boulebard que está atrayendo a las marcas y a los clientes. Ahora, es necesario que ese polo de atracción se vaya enraizando en el entorno dando vida a otro tipo de comercios.

En esto, hay muchos ejemplos con éxito a copiar tanto en España como en Europa. Igualmente, la aparición de establecimientos donde buscar lo comprado a través de Internet.

Cada vez hay más personas que prefieren “recoger” a que se lo lleven a casa. También, se facilita de este modo las devoluciones, sintiendo el cliente una mayor seguridad.

De este modo logramos que confluya un mayor número de personas hacia esa zona comercial y de servicios. Lo segundo, por la tendencia a que los “servicios” se sitúen a nivel de calle.

Y, finalmente, de ocio con la restauración y la vida cultural. Como decía la persona de la que he hablado “habiendo vida fuera en la calle”. Mucha de esta vida que hay en la calle son repartidores de pedidos por Internet.

Cada vez más y con más opciones de reparto. Elegir la hora de entrega, cambiar el sitio de recogida o ir a buscar a la delegación o punto de referencia. Todo esto, de una forma fácil y conociendo la trazabilidad del proceso.

Igualmente, hay un ejército de comerciales y repartidores para las pequeñas tiendas con su “tablet” en la mano. Y, finalmente, estamos las personas que somos vecinos de las poblaciones, los clientes.

Quienes saludamos a los comerciantes que están a la puerta de su local y quienes vamos a comprar según nuestras necesidades. Y, también, los visitantes, que observan los escaparates distintos a los de sus ciudades de origen.

Les viene a la cabeza necesidades y entran para comprar. Muchas veces salen con una bolsa con el producto. Y, nuevamente, se paran en otro escaparate y vuelve a suceder lo mismo. Esta es la vida que hay en la calle que no se ve desde dentro de las tiendas.

 

 


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