• Bienvenidos a Ronda Somontano, revista digital del Somontano de Barbastro.
Barbastro, Opinión

Nuestros familiares del norte

Por Daniel Vallés Turmo

Hace miles de años fueron descendiendo por las grandes rutas naturales que atraviesan el Pirineo de Huesca (Sierra de Sis y Sierra de Sevil) los descendientes  de pastores que fueron colonizando nuevos territorios.

Ambas sierras son de dirección norte a sur y permiten atravesar decenas de kilómetros sin tener que atravesar ríos, que en estas zonas están encañonados en la roca caliza a diferencia de Francia.

Nos quedan como testigo círculos megalíticos en la sierra de Sis, Chía y en el valle de Plan que seguían la tradición que les legaron sus antepasados del norte generación a generación.

Ya anteriormente, en la época prehistórica, ya tenemos semejanzas entre las pinturas de la Sierra de Guara y las del sur de Francia cuando la población todavía era muy pequeña.

Históricamente estos lazos de unión se han mantenido hasta la batalla de Muret (a las puertas de Toulouse) en el año 1213 donde la Corona Aragonesa perdió cuando fue a defender a sus parientes.

Desde entonces, han pasado 800 años, pero no voy a hacer una crónica de este tiempo, sino hacer una foto económica social de nuestros familiares del norte en una  zona determinada para que tomemos distancia de nuestros problemas.

Me refiero a los pueblos franceses que van desde la frontera en el valle de Arán y Saint Gaudens. Cuando vamos en coche, no nos damos cuenta, porque no se suelen atravesar. Cuando lo haces andando, si eres consciente.

Consciente de muchas poblaciones con casi todos los negocios cerrados debido a la despoblación y a la competencia de precios de la cercana España. Estoy hablando de Canejan, Fos, Arlos, Saint Béat, … hasta que llegamos ya a Montréjeau y Saint Gaudens.

Las fachadas están sin pintar, los negocios cerrados y muchos carteles que dicen “Se Vende” en centenares de casas. Desolador. Se han quedado en pueblos dormitorio para trabajar en el área de Toulouse.

Sin embargo, por la carretera, no paran de pasar camiones españoles, sobre todo cargados de cereales. Entre ellos, muchos de Mazana con fábricas de piensos en Capella y Binéfar.

Tampoco dejan de pasar coches con matrícula española pues el hospital de referencia del Valle de Arán es el de Saint Gaudens. Esto ha hecho, también, que haya una buena comunicación en autobús desde Vielha hasta allí.

Esas buenas comunicaciones en autobús igualmente están en el valle. Con una tarifa única tenemos un horario extenso cada media hora que unen las principales poblaciones.

Sin duda, aquí sí existe todavía unos lazos de familiaridad debido a la necesidad de servicios del Valle de Arán orientado hacia Francia recorriendo las aguas del río Garona.

La pertenencia a la Unión Europea ha hecho que se mantengan proyectos que permiten ir sondeando nuevas formas de relación entre ambas partes de la cordillera de los Pirineos.

Esto es importante en un periodo de aceleración que nos ha tocado vivir en el que los ciclos de vida de los proyectos son cada vez más pequeños. Lo que obliga a la continua innovación.

Pero lo más importante son las buenas relaciones personales existentes entre ambos lados por la “familiaridad” secular que todavía se mantiene. Institucionalmente con los hermanamientos de las poblaciones y personalmente, con la gran afluencia turística a nuestra provincia.

Desde principios del siglo XX ha habido franceses que han vendido a sus vecinos la belleza de nuestro territorio. Como ejemplo, el primer libro de la Sierra de Guara es de un francés en el año 1974.

Éste es uno de los detonantes de la atracción a Alquézar de miles de franceses cada año desde entonce para conocer sus sierras y cañones. Ahora, ya vienen personas de toda España y Europa.

Ahora que se habla tanto de repoblamiento y la “España vacía”, he querido poner este ejemplo que sufren algunas poblaciones de nuestros familiares del norte para ver que el problema no es únicamente nuestro, pero tampoco las soluciones, en la que es necesario la colaboración.

 

Previous ArticleNext Article

1 Comment

  1. Francia o EEUU van unos lustros por delante nuestro, pero podemos aplicarnos aquello de las barbas de tu vecino.
    Lo describe bien Christophe Guilluy en su libro “No society. El fin de la clase media occidental”, o J.D. Vance para el caso americano en su libro “Hillbilly Elegy”. Paralelamente a la despoblación de las ciudades de tamaño medio como podría ser Barbastro, se produce lo que llama Guilluy un proceso de “gentrificación” de las grandes ciudades, a donde sólo pueden acceder trabajadores de clase alta, mientras se va expulsando a barrios periféricos o a pequeñas ciudades dormitorio a la antaño clase media. En ese proceso de expulsión, favorecido por la llegada masiva de personas de otros países, se produce también la pérdida del “capital cultural”, que no es otra cosa que el arraigo y la sensación del saberse parte de la colectividad, para pasar a convertirse en extraños en sus propias casas.
    La falta de servicios públicos dignos en esas zonas: ferrocarril, educación, sanidad, vivienda accesible, etc., la pérdida consecuente de trabajos de calidad, las medias jornadas, el paro… son todo causa y efecto a una vez.
    Pero también hay oportunidades en todo esto. La revolución digital ofrece inmensas oportunidades en varios aspectos. Por un lado, muchas familias con trabajos cualificados quieren huir de las grandes ciudades y pueden hacerlo porque sus trabajos les permiten estar distanciados de la oficina o de la factoría. Pero quieren oportunidades para sus hijos. Tenemos que reivindicar y conseguir centros educativos, instalaciones deportivas y vida cultural de calidad; de élite diría. Y vendrán. No lo harán si sus hijos van a perder oportunidades o van a tener que estar en un ir y venir hasta para practicar atletismo.
    También son malos tiempos para el comercio tradicional. Si por comercio tradicional se entiende el vender productos estandarizados poniéndolos en una estantería y esperando a que entre la gente en nuestro horario de 10 a 13.30 y de 17 a 20. Pero cualquier persona capaz de crear valor añadido, capaz de hacer algo con sus manos, si tuviera el apoyo de instituciones y/o asociaciones y le facilitaran el salto a la red, se puede encontrar de repente con un mercado de millones de personas que le van a permitir vivir en pueblos pequeños produciendo productos artesanos y dando servicios diferenciados.
    Pero en plena tormenta no vale el piloto automático. Hacen falta capitanes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *