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Homenaje al poeta Guillermo Gúdel Martí en Coscojuela de Fantova

Libros escritos por el autor de Coscojuela de Fantova.

Coscojuela de Fantova (El Grado).-La Asociación de vecinos de Coscojuela de Fantova y el Ayuntamiento de El Grado han rendido un homenaje al poeta Guillermo Gúdel Martí, en el año en el que se cumple el centenario de su nacimiento en el pueblo somontanense.

Tras glosar la figura del poeta y su trayectoria literaria se leyeron varias poesías del autor y hubo tiempo también para recordar las vivencias personales de Pilar Villellas, sobrina-nieta del homenajeado.

El Ayuntamiento de El Grado ha colocado una placa en la plaza de la iglesia, junto a “Casa Aguilar”, para recordar su lugar de nacimiento.

Guillermo, nacido el 22 de febrero de 1919 en Coscojuela de Fantova, falleció en abril de 2001 en Zaragoza.

Fue poeta con una trayectoria consolidada y reconocida, admirado y querido por otros poetas y literatos de su época. Su vida no fue fácil (salió a los 8 años de Coscojuela de Fantova y vivió junto a sus hermanos en la Residencia Provincial de Huérfanos en Huesca y en el Hogar Pignatelli de Zaragoza), y así se refleja en sus poemas.

Su obra recoge numerosos versos en su mayoría tristes y reflexivos, de variada temática, desde el recuerdo al pueblo que le vio nacer hasta la crítica a los avances tecnológicos.

Placa conmemorativa del poeta.

Guillermo Gúdel realizó una importante divulgación literaria: primero a través de la revista ‘Poemas’, que fundó y dirigió junto a su gran amigo Luciano Gracia, autor de libros tan valiosos como ‘Creciendo en soledad’, y luego a través de sus artículos que aparecían en ‘Hoja del lunes’.

Tras la Guerra Civil trabajó en la imprenta de Berdejo Casañal y finalmente logró la plaza de corrector en la Imprenta Provincial junto a Teodoro Cebrián, Acabó publicando con esmero sus propios libros, poemarios en dieciseisavo, en pequeño formato y ediciones de 300 ejemplares-.

Fue un poeta versátil, con gran sentido del ritmo, que se manejaba a la perfección en el verso y en la prosa poética, en la línea de Juan Ramón Jiménez o de José Antonio Muñoz Rojas.

El investigador Antonio Gracia-Diestre le dedicó su libro: Guillermo Gúdel. Biografía de un poeta esencial (DPZ, 2004, Premio Benjamín Jarnés).

Ganó el premio San Jorge en 1969 y el Goya de poesía en 1983.

Entre las poesías que se leyeron en el acto, se destacó la actualidad de algunos de los temas y el carácter reflexivo de sus estrofas, como por ejemplo, el poema “Invadidos por las tecnologías”, uno de los textos que se recoge en su obra “Horario de canciones y lamentos” editada en el año 2000.

Estamos invadidos de artefactos

            Con cuyas invenciones especiales

            -ya sean digitales o virtuales-

            Se van poniendo en marcha nuestros actos.

 

            Con estos artilugios archiexactos

            Se está moviendo un mundo de señales que,

            Sueltas por las ondas espaciales,

            Casi nos van dejando estupefactos.

 

            Vemos atropellados los sentidos

            -así los ojos como los oídos-

            Con la dominación de estos inventos.

 

            Creemos que no son imprescindibles

            Pero aquí están.

            Son dioses inflexibles

            de nuestros cotidianos movimientos

 

En algunos de sus versos reflejaba ya su preocupación por el abandono de los pueblos…

 

Nunca desaparece la tristeza

            de una ilusión que acaba en desengaño.

           

            Las casas de los pueblos se derrumban

            porque los habitantes se han marchado.

 

            Arde el clima por fuera;

            Interiormente,

            cierra la oscuridad todos los huecos.

 

            Las lámparas no lucen.

            Los hogares,

            con llamas anteayer,

            muestran cenizas.

 

            Lejos,

            en las ciudades

            por la noche

            parece que está todo iluminado,

            pero en los extramuros silencios

            miran a la farola de la luna.

 

            Las mujeres de barrios ya no son

            de ciudad ni de pueblo.

            Se convierten

            en unas inmigrantes de si mismas.

 

 

Y, el acto se cerró con la poesía que Gúdel dedicó a Coscojuela de Fantova, su pueblo, el lugar que le vio nacer.

 

 

            EL PUEBLO ABANDONADO ANTE LA INFANCIA

 

            En la colina somontana,

            el pueblo.

           

            Alrededor,

            el cielo,

            azul distante.

            Tierras de color ocre,

            manchas verdes,

            Perspectiva con puntos cardinales,

            desparramadas sendas hacia arriba,

            Hacia abajo.

 

            Más lejos,

            Otros pueblos.

            Algún bosque, los pinos, las encinas,

            el viñero, el trigal, algunos huertos,

            La higuera, los endrinos, los almeces,

            Los nogales, los pájaros, las flores…

            Y, sobre todo,

            Olivos.

            Olivares

 

            (…)

 

            Y en la colina somontana,

            El pueblo

 

                                                                      Indefinida soledad errante pg. 45

 

 

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