• Bienvenidos a Ronda Somontano, revista digital del Somontano de Barbastro.
El Grado, Naturaleza

Las causas antropogénicas del cambio climático (y IV)

En el día de la movilización mundial, Jaime Monserrat nos presenta la cuarta y última parte de su serie de artículos sobre las influencias en el cambio climático

La emisión de gases de efecto invernadero (GEI)

Una hipótesis firmemente asentada sostiene que el hombre podría haberse convertido en un agente climático determinante, desde hace relativamente poco tiempo. Su influencia sería mucho mayor al producir con su actividad, sobre todo en los países desarrollados, una gran emisión de gases que producen un intenso efecto invernadero. El consenso científico ha identificado al dióxido de carbono CO2 como el forzante  dominante, presente en las emisiones de las instalaciones industriales y los medios de transporte. (El gas dominante, realmente es el vapor de agua pero tiene una vida atmosférica muy corta -cerca de 10 días- y está casi en un equilibrio dinámico en la atmósfera)

El metano y el óxido nitroso son también grandes contribuyentes forzantes del efecto invernadero. El protocolo de Kioto los incluye junto con hidrofluorocarbonos (HFCs), perfluorocarbonos (PFCs), y hexafluoruro de azufre (SF6). Sin embargo, estos últimos son totalmente artificiales (es decir, antropogénicos).

No son únicamente las actividades industriales las más contaminantes. De acuerdo con un estudio de FAO[1] la ganadería es responsable del 18% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Más que las emisiones conjuntas de todo el transporte mundial.

Actualmente las emisiones se han incrementado hasta tal nivel que parece difícil que se reduzcan a corto y medio plazo, por las implicaciones técnicas y económicas de las actividades involucradas.

            Retroalimentaciones y factores moderadores

Muchos cambios climáticos importantes se dan por pequeños desencadenantes que pueden formar un mecanismo que se realimenta a sí mismo amplificando su efecto.           Asimismo, la Tierra puede responder con mecanismos, moderadores o no. El resultado será algún tipo de cambio más o menos brusco pero impredecible a largo plazo, ya que el sistema climático es caótico y complejo.

Un ejemplo de feedback positivo es el efecto albedo[2]. Un aumento de la masa helada incrementa la reflexión de la radiación directa y, por consiguiente, amplifica el enfriamiento. De modo inverso, la desaparición de masa helada amplifica el calentamiento. La fusión de los casquetes polares es, por tanto una retroalimentación En el momento en que empieza a abrirse el paso a las corrientes se contribuye a homogeneizar las temperaturas y se favorece la fusión completa de todo el casquete, se suavizan las temperaturas polares, y se lleva el planeta a un mayor calentamiento al reducir el albedo.

La Tierra ha tenido períodos cálidos sin casquetes polares. Un planeta sin casquetes polares permite una mejor circulación de las corrientes marinas, sobre todo en el hemisferio norte, y disminuye la diferencia de temperatura entre el ecuador y los Polos. No obstante, la fusión de los hielos también podría alterar las corrientes marinas del Atlántico Norte provocando una bajada local de las temperaturas medias en esa región. El problema es de difícil predicción ya que, como se ve, hay retroalimentaciones positivas y negativas. 

            Posibles consecuencias del aumento del efecto invernadero

La atmósfera influye fundamentalmente en el clima; si no existiese, la temperatura en la Tierra sería de –20 °C.

El Sol, por su alta temperatura, emite radiación, desde el infrarrojo hasta el ultravioleta. La atmósfera actúa como filtro y deja pasar solo parte de la radiación solar.            La tierra tiene una temperatura mucho menor, y emite radiación a una longitud de onda mucho más larga, infrarroja, a la que la atmósfera ya no es transparente. El CO2, absorbe dicha radiación[3] emitida por la tierra.

También lo hace, y en mayor medida, el vapor de agua. El resultado es que la atmósfera se calienta y devuelve a la Tierra parte de esa energía, por lo que la temperatura superficial es de unos 15 °C, a causa de este efecto invernadero.

Durante las últimas décadas las mediciones en las diferentes estaciones meteorológicas indican que el planeta se ha ido calentando. Los últimos 10 años han sido los más calurosos desde que se llevan registros y algunos científicos predicen que en el futuro serán aún más calientes.

A medida que el planeta se calienta, disminuye globalmente el hielo en las montañas y las regiones polares; por ejemplo el de la banquisa ártica o el casquete glaciar de Groenlandia. La disminución de los casquetes polares, como ya se ha dicho, afectará al albedo terrestre, lo que hará que la Tierra se caliente aún más. De la misma manera, un aumento de la nubosidad debido a una mayor evaporación contribuirá a un aumento del albedo.

Con el ascenso de la temperatura global el agua en los océanos se expande. El agua de la tierra o de los glaciares pasa a estar en los océanos. Las predicciones indican que antes del 2050 el volumen de los glaciares disminuirá en un 60% y la estimación total del deshielo glacial en Groenlandia es –239 ±23 km3/año. Por el contrario, las capas de hielo de la Antártida se prevé van a aumentar en el siglo XXI debido a un aumento de las precipitaciones.

Según el Informe Especial sobre los pronósticos de Misión del IPCC[4], el pronóstico A1B para mediados del 2090 es que el nivel global del mar aumentará 25 a 44 cm sobre los niveles de 1990. Está aumentando 4 mm/año. Desde 1990 el nivel del mar ha aumentado una media de 1,7 mm/año; desde 1993, los altímetros del satélite TOPEX/Poseidón indican una media de 3 mm/año.

Sobre esta cuestión, a largo plazo hay que ser prudente. El nivel del mar ha experimentado variaciones irregulares. Refiriéndonos a tiempos históricos, se estima que desde el 1000 a. C. hasta el principio del siglo XIX, el nivel del mar era casi constante, con solo pequeñas fluctuaciones. Sin embargo, el período cálido medieval pudo haber causado cierto incremento del nivel del mar: se han encontrado pruebas en el océano Pacífico de un aumento de aproximadamente 90 cm sobre el nivel actual en el siglo XIV.

En cuanto a la temperatura del agua, desde 1961 hasta 2003 la temperatura global del océano ha subido 0,1 °C desde la superficie hasta una profundidad de 700 m. Se observan altos índices de calentamiento entre 1991 y 2003 y algo de enfriamiento desde 2003 hasta 2007. La temperatura del océano Antártico se elevó 0,17 °C entre los años 1950 y 1980. Casi el doble de la media para el resto de los océanos del mundo.

Aparte de tener efectos para los ecosistemas (por ej. afectando al crecimiento de las algas bajo su superficie), el calentamiento reduce la capacidad del océano de absorber el CO2. Los océanos constituyen el sumidero de carbono más importante. El aumento de temperatura del agua implicará su acidificación. El pH de la superficie del océano ya ha caído 0,1 unidades, lo que representa un aumento del 30% en la acidez. A finales de este siglo, al ritmo actual de emisiones, el aumento de acidez sería de casi el 100% y podría afecta a numerosas especies marinas.

Esta enumeración de posibles efectos que se mantiene en constante estudio y revisión, permite ver la complejidad del problema. Por otra parte, a pesar de que la medición de los tiempos tiene en la climatología su propia dinámica, parece que puede hablarse de calentamiento global. Los próximos decenios se presentan con un carácter preocupante, cuando menos. El instinto de conservación debería llevarnos a la prudencia y a reducir por todos los medios a nuestro alcance las emisiones de GEI. Es un hecho que su incremento ha sido excesivo, de tal forma que muy probablemente tendrá en el futuro consecuencias que ahora no somos capaces de imaginar.

[1] (http://www.fao.org/docrep/010/a0701e/a0701e00.HTM) (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura)

[2] El albedo es el porcentaje de radiación que cualquier superficie refleja respecto a la radiación que incide sobre ella. Las superficies claras tienen valores de albedo superiores a las oscuras, y las brillantes más que las mates. El albedo medio de la Tierra es del 37-39% de la radiación que proviene del Sol.

[3] Trends in Atmospheric Carbon Dioxide, Up-to-date weekly average CO2 at Mauna Loa (http://www.esrl.n

oaa.gov/gmd/ccgg//trends/weekly.html). Earth System Research Laboratory.

[4] Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC)

Previous ArticleNext Article

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *