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Barbastro, Opinión

Final de curso

José María Mur analiza este artículo publicado en los años 60 por Julio Broto

Durante muchos años D. Julio Broto Salamero, beneficiado que fue de la catedral de Barbastro en su cargo de organista, excepcional autor e intérprete de música sacra, firmó artículos en El Cruzado Aragonés con el pseudónimo de Anetus. Se reproduce a continuación uno de ellos, publicado en la página 3 del número correspondiente de El Cruzado y de fecha indeterminada por no constar en la pieza periodística, ya que se encuentra en formato recorte depositada en un archivo particular, aunque por la alusión a “ un plan de estabilización nacional “ contenida en uno de sus párrafos, podríamos datarlo en los años 1959-60-61, ya que fue en 1959 cuando se implementó por el gobierno de Madrid el plan de estabilización económica nacional, inspirado por los llamados tecnócratas del Opus Dei como herramienta de transición desde una economía autártica propia del primer franquismo, a una economía más abierta e implicada en las organizaciones y flujos monetarios de carácter internacional.

No quiero extenderme más pero la lectura de este artículo de hace sesenta años sobre un Barbastro preindustrial y su contexto geográfico y socioeconómico, debe llamarnos a reflexión sobre el estado actual de la cuestión y la capacidad y clarividencias analíticas del autor reflejando situaciones que, después de tantas décadas, siguen estando de plena actualidad en su planteamiento. Y sin más herramientas que el sentido común y un conocimiento cabal de su entorno. Chapeau. El artículo se titula:

FINAL DE CURSO

Ha terminado el curso escolar. Nuevas levas de muchachos y chicas salen de nuestros centros docentes primarios y secundarios, con la ilusión de una vida que empieza para ellos. De estos últimos, algunos pasan a la Universidad o al Magisterio. En realidad, no muchos. Pocas familias nuestras están en disposición de sufragar los gastos inherentes a una carrera universitaria.

La generalidad de nuestros jóvenes buscan una colocación. Ellas se dedican a coser, esperando que el tiempo les depare un matrimonio conveniente. Es una solución forzada casi siempre…..porque no hay colocaciones.

Yo no sé si hemos pensado los barbastrenses en este problema real, a veces, angustioso. Un elemental sentido cristiano social obliga a plantearse esta realidad. Y, si no se hace, es porque, en doctrina pontificia sobre materia social, estamos ayunos.

Todo el mundo sabe que son muchos paisanos nuestros los que diariamente se trasladan a Monzón, en busca de salario para mantener su familia. No faltan incluso chicas. Es claro que nuestra ciudad no ofrece las mismas perspectivas económicas, que una población industrial. Duele decir que se quiere pensar en un Barbastro, coto cerrado de su prosapia cultural, despreocupado de las reales necesidades de los seres humanos y de lo que hace grandes a los pueblos. Y que, en consecuencia, nos quedamos sin lo uno y sin lo otro.

Un plan de estabilización nacional es una ocasión magnífica para conseguir alguna realidad industrial. Los riegos, con su gran importancia, tienen una proyección limitada. Porque la tierra no da para más. La industria es ilimitada. ¿Por qué no se intenta del Ministerio de Industria algo para Barbastro? Y, si ello no es posible, por qué no se funda, con nuestros propios capitalistas barbastrenses, Sociedades Anónimas modestas para la explotación industrial de los productos agrícolas, etc.?

No sería difícil que capital catalán se interesase. Si esto se plasmase en realidades, quizás veríamos detener ese absentismo de la población, que, aunque por los riegos aparentemente detenido, no deja de ser real. Barbastro sería no sólo la ciudad que les vió nacer, sino la madre que les da de comer. Y con ello se colaboraría a su engrandecimiento.

ANETUS.

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1 Comment

  1. Te agradezco este artículo. Mi tío Julio sufrió la maldici’no de Casandra: decía verdades que en ese momento apenas nadie creía y luego, el paso del tiempo, le daba la razón…
    En un próximo libro sobre él, de inminente aparición, hago hincapié en ello. Reitero mi agradecimiento pues creo que Julio Broto merece recuerdos de este tipo.

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