El Grado, Naturaleza

Objetivos de Desarrollo Sostenible

Por Jaime Monserrat

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (2015-2030), también conocidos por sus siglas ODS, son una iniciativa impulsada por Naciones Unidas para dar continuidad a la agenda de desarrollo tras los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). 

Son 17 objetivos y 169 metas incluyendo nuevos ámbitos como el cambio climático, la desigualdad económica, la innovación, el consumo sostenible y la paz, entre otras prioridades. Tras un proceso de negociación entre los estados miembros de la ONU, el 25 de septiembre de 2015, los 193 líderes mundiales aprobaron en una reunión plenaria de la Asamblea General, celebrada en Nueva York un documento que lleva por título “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible«, que entró en vigor el 1 de enero de 2016.

El conocimiento de los ODS se ha ido extendiendo cada vez más entre instituciones gubernamentales y también entre los agentes económicos y sociales. La difusión en ámbitos educativos y las campañas de sensibilización han hecho que actualmente se puede decir que los ODS son de dominio público.

El enunciado de los 17 objetivos resulta, por otra parte fácilmente comprensible a todos los niveles. Lamentablemente, en muchos países de bajo nivel de desarrollo puede resultar utópico alcanzarlos por falta de la cooperación internacional necesaria.

En otros casos, se trata de objetivos de largo recorrido que requerirían medidas eficaces estables a los largo de muchos años. Por ejemplo, los ámbitos referentes a la educación, a la creación de nuevas infraestructuras, al cambio de costumbres asentadas que suponen un mal uso de los recursos naturales y energéticos.

A título de ejemplo, una de las metas del objetivo 1 Fin de la pobreza plantea para 2030, reducir al menos a la mitad la proporción de hombres, mujeres y niños de todas las edades que viven en la pobreza en todas sus dimensiones con arreglo a las definiciones nacionales. 

O referido al objetivo 3 Salud y bienestar,  una meta para 2030 es  poner fin a las epidemias del SIDA, la tuberculosis, la malaria y otras enfermedades tropicales desatendidas,  combatir la hepatitis, las enfermedades transmitidas por el agua y otras enfermedades transmisibles. 

Y para 2020 -el año próximo- está planteada la meta de reducir a la mitad el número de muertes y lesiones causadas por accidentes de tráfico en el mundo. Parece dudoso que se vaya a alcanzar.

En cuanto al objetivo 8 Trabajo decente y crecimiento económico, una de las metas es lograr en 2030 el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todas las mujeres y los hombres, incluidos los jóvenes y las personas con discapacidad, así como la igualdad de remuneración por trabajo de igual valor.

Al igual que estos ejemplos hay muchos otros en los que la reacción ante los enunciados de las metas propuestas es de cierto escepticismo. Parecen más bien una declaración de buenas intenciones, de consecución poco menos que imposible.

Es evidente que todos los ODS son necesarios.  Pero el planteamiento se presenta como inabarcable. Al menos esto puede pensar cualquier ciudadano que fácilmente encuentra ejemplos de cómo los ingentes fondos públicos de que disponen los países del primer mundo, que podrían dedicarse al desarrollo y a la cooperación internacional, se emplean en otros fines. Por ej. el gasto en armamento de algunos países es desmesurado y los acuerdos internacionales para su reducción, no pocas veces se encuentran condicionados por los intereses económicos de la industria armamentística.

Y si nos referimos a los esfuerzos para controlar las emisiones de CO2, las dificultades aparecen en algunos casos como insalvables. Si se dice, por ejemplo, como algo anecdótico, que combatir la crisis climática exigirá reducir un 40% el consumo de carne, es muy probable que sea difícil alcanzar un acuerdo sobre esto, tanto por parte de los ganaderos como de los consumidores.  Hace unos días el conocido pensador Václav Smil (Pilsen,RepúblicaCheca, 1943), profesor emérito de la Universidad de Manitoba (Canadá), estuvo en España, invitado por la Fundación Naturgy, para debatir si  la gran capacidad de innovación de nuestra sociedad será capaz de frenar la emergencia climática y acelerar la transición energética.

Václav Smil
Václav Smil

En una entrevista que publica el diario La Vanguardia, contesta con toda claridad que duda por ejemplo de que la descarbonización total sea posible. En su opinión, con la actual estructura productiva, “no hay posibilidad de cumplir con los objetivos de contener la subida de la temperatura dentro de 1,5Cº. El problema –dice– es que hay que replantearse todo, atacar a muchos sectores, la industria, el transporte, la agricultura. Es un reto tremendamente complejo”.

Según sus datos, entre 1992 y 2017, las emisiones de CO2 se han incrementado en promedio un 57% pues aunque pueda parecer sorprendente, el consumo de carbón, fuente de energía de las más contaminantes, no ha parado de subir en este período: casi un70%. 

El crecimiento de los países emergentes está detrás de estas cifras. Y frenar esto, es un asunto muy delicado, desde un punto de vista político. “No les puedes decir de repente a este grupo de economías que ahora tienen que moderar su crecimiento, porque ellos también tienen su derecho a vivir y consumir como lo hemos hecho nosotros”, dice Smil.

¿Y qué decir de las energías  renovables? Pueden ser parte de la solución, evidentemente. Pero este profesor de origen checo recuerda que esta energía es muy inestable y precisa mucha superficie. “¿Qué espacio deberían ocupar los paneles para dar energía a una ciudad como São Paulo?”.

Smil tiene palabras críticas también contra el coche eléctrico. No sólo contra Tesla (“no es un proyecto visionario, sino más bien delirante”) sino contra las previsiones que se están haciendo sobre su implantación, que, una vez más, cree que son exageradas. 

Bloomberg y Deutsche Bank  pronosticaron que el 6%-7% del mercado se abastecería con eléctricos (la realidad es que en EE.UU. se está en el 0,9%). Y Barack Obama, insinuó que circularían hoy 1,2 millones de vehículos de cero emisiones en EE.UU y son menos de 400.000. Las ventas globales de 2019 se prevén 1,88 millones de vehículos, en descenso respecto al año anterior. Y gracias a las subvenciones.

¿Soluciones? Este académico sostiene que o se cambia el estilo de vida y se apuesta por un decrecimiento económico, o bien se renuncian a los objetivos de reducir emisiones y se intenta introducir alguna alternativa menos agresiva. 

El desacuerdo entre muchos pensadores destacados es evidente.

 

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