Barbastro, Opinión

Querido PIN PARENTAL

Por Lara Gaspar Girón

Tengo 20 años, toda mi vida he ido a centros de enseñanza públicos y quiero explicarles lo que eso ha supuesto para mí. 

En el colegio e instituto a los que asistí había alumnos muy diferentes a mí. Personas homosexuales que por miedo callaban y reprimían su propia forma de ser, personas de diferentes etnias y personas con más y menos dinero. Me siento orgullosa de decir que nunca sentí a ninguno de ellos ni inferior ni superior a mí, sin embargo, no todos lo consideraban así. 

Cuando somos muy pequeños no nos damos cuenta del dolor que podemos causar a otras personas y, muchas veces, tendemos a discriminar y rechazar aquello que percibimos como diferente. Recuerdo a un niño, un niño que por ir con chicas era constantemente abucheado e incluso agredido por el resto de niños, no entendían porque un chico iba con chicas, ni porque le gustaban las mismas cosas que a ellas. 

Ese niño, afortunadamente, logró por sí solo crecer y enorgullecerse de como es, pero no lo vimos así hasta los 17 años. Nunca renunció a aquello que le gustaba y me alivia pensar que hubo gente a su lado que le ayudó a confiar en sí mismo. Sin embargo, desde hace días no puede dejar de pensar que si nos hubiesen enseñado el respeto a personas LGTBI, ese niño quizá habría crecido en paz. 

Aunque fue hace bastantes años, algo que sí nos enseñaron fue a respetar las diferentes etnias. Nunca en mi colegio vi discriminación racial, y quizá nuestra educación en la escuela tuvo algo que ver. Por esa razón, me entristece pensar que lo que habíamos conseguido poco a poco con el aumento de clases que promueven tolerancia hacia la persona de al lado, ahora vaya a derrumbarse con el pin. 

No, no somos de nuestros padres, y tampoco del Estado, no somos de nadie, cada uno es suyo. Los niños, por muy poco conscientes que sean, deberían ser educados en un ambiente lo más tolerante y abierto posible para que cada uno de ellos se desarrollen, tal y como son, sin prejuicios de por medio. Lo mínimo que podemos hacer es ponerles las mínimas trabas en su manera de ser. 

Siento decirles a todos aquellos que están en contra de que se hablen temas como la identidad sexual en las aulas, que esas clases no buscan nada más que ponernos a todos como iguales. 

Me entristece pensar que haya niños que perpetúen de generación en generación ese odio a causa del dichoso pin. Considero que eso sí es adoctrinar. No dejar escuchar a tu hijo que existen hombres que se sienten mujeres, hombres que le gustan otros hombres, y viceversa, es taparle los ojos a tu hijo y dejarle ver solo lo que tú quieres. 

Adoctrinar es distorsionar la realidad, y privar a tu hijo de la enseñanza en la diversidad, es no dejarle ver el mundo real. En el mundo real existen personas homosexuales y transgénero, y ya lo siento si ustedes, padres de sus hijos, quieren cerrar los ojos y no mirar, pero es algo normal y que no hace daño a nadie. 

Me hace gracia cuando la mayoría de los padres que están a favor de esta medida digan que sus hijos son suyos. Son suyos para lo que quieren, cuando una mujer se queda embarazada, la premisa que llevan estos mismo por bandera es siempre la misma «la vida que lleva dentro no es de la madre», entonces, una vez nacido tampoco ¿no? 

Agradezco si habéis llegado a leer hasta aquí, con cariño Lara. 

 

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1 Comment

  1. No puedo dejar pasar unas cuantas de las cosas que describes en tu artículo. Algunas por explícitas, y otras por implícitas; todavía más peligrosas.

    Aunque considere que estás equivocada, te felicito por implicarte en la sociedad en la que vives a tus 20 años y por querer expresar y defender tus ideas.

    La primera falsedad es llevar el debate a la educación pública. La cuestión del “pin parental” no es si educación pública o no.No acepto tampoco que las diferencias que relatas por nivel económico, etnia, cultura, orientación sexual, etc. sean exclusivas de los centros públicos. Y, entiendo, quienes defienden el pin parental no lo hacen sólo para la educación pública; el sujeto no es el sistema educativo, sino el alumno.

    Yo tampoco recuerdo haber tratado a nadie como superior o inferior, pero sí recuerdo a personas superiores e inferiores. Y, pasado el tiempo, te diré que aquellas apariencias pocas veces engañaron. Quienes eran superiores, en términos académicos, están ahora en mejor posición, en términos laborales. También recuerdo a quienes se empeñaban en ser inferiores, pese a que las instituciones públicas nos perjudicaran a todos tratando de integrarlos contra su voluntad. Algunos de ellos ya no viven, otros están en la cárcel, etc. Y, por lo que me cuentan los maestros, décadas después, el problema sigue siendo el mismo.

    Está claro que hay personas, niños y mayores, que no respetan a otros. Pero es que el respeto a la persona se enseña con independencia de los gustos sexuales de cada uno. Se respeta a la persona, sea chico, chica, negro, blanco, azul, viril, afeminado o como cada uno sea. El respeto es a la persona y punto. También, por cierto, a quienes no piensan como tú.

    Y ya hemos mezclado dos cosas que no sé por qué tienen que ir juntas: el colegio y el sexo. Es un poco cansino eso de que todo acabe siempre con los gustos sexuales, sobretodo de unos. Los heterosexuales también podemos tener gustos muy noticiables, pese a la heterosexualidad, pero no creo que sea necesario que todo el mundo hable todo el día de sus gustos sexuales. La vida es algo más que el sexo. Ahora bien, si sigue el empeño en hablar de los gustos sexuales de algunos, no descarto empezar a contar también los míos.

    Se desprende de tu artículo un cierto adanismo, propio de tu juventud, imagino. Dices tener 20 años, y te refieres a que os enseñaron el respeto a otras etnias “hace bastantes años”, y que te “entristece pensar que lo que habíamos conseguido poco a poco con el aumento de clases que promueven tolerancia hacia la persona de al lado, ahora vaya a derrumbarse con el pin”. Siento comunicarte que el mundo y la civilización empezaron bastante antes que tú. Lo explican en los libros. En algunos de ellos también explicaran que el hecho de que haya padres que quieran conocer qué se les va a explicar a sus hijos, en las clases extracurriculares, para decidir si quieren que sus hijos conozcan esos temas por esas vías, o no los conozcan todavía, o no por esas vías, no quiere decir que se les esté enseñando a odiar a nadie. Sólo piden que no se les odie a ellos y educar a sus hijos de acuerdo a sus valores. Convendría que tuvieras en cuenta que, algún día, puede haber un gobierno con las ideas contrarias a las tuyas responsable de organizar esas mismas extraescolares.

    Celebro que pienses que los niños no son del Estado, que son seres libres e independientes, añado yo, cuya educación, no faltaba más, corresponde a los padres. Libres e iguales en tanto que seres humanos, y educandos en tanto que niños. De acuerdo a los valores de los padres, en tanto que hijos. Y aquí quiero enlazar con lo más grave de tu artículo: la banalización del derecho a la vida. Todo empieza con la vida y todo acaba con ella. Por supuesto que la vida que una madre lleva dentro no le pertenece y, por descontado, que no puede acabar con esa vida a su libre albedrío. Se hace y es un crimen. Si tú quieres defender el derecho a ser homosexual desde los 9 meses de gestación y un día de alumbramiento, yo quiero defender su derecho a la homosexualidad desde el primer día de su gestación. Precisamente porque, como decíamos antes, es un ser con identidad propia. Y no confundamos la pertenencia de la persona, que no se pertenece más que a sí mismo, con la pertinencia de que sus padres elijan cómo quieren educarlo.

    Aquellos que defienden el pin parental no defienden adoctrinar ni odiar a nadie. No creo que defiendan el odio contra nadie, sólo quieren, justamente, que otros no adoctrinen a sus hijos. Ni siquiera hablan de sexo, sólo piden el derecho a conocer quién y qué se les va a explicar a sus hijos en las charlas fuera de currículo, para saber si eso va contra los valores que, como seres libres, han decidido enseñar a sus hijos. Pueden ser charlas independentistas, por ejemplo. No quieren que la charla no se lleve a cabo, sino poder elegir para sus hijos. Creo que está claro de qué lado está la tolerancia.

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