Alto Aragón, Binéfar, Opinión

¡Que nunca más se repita!

Por Héctor Castro Ariño
Auschwitz

Hoy, 27 de enero, se cumplen 75 años de la liberación del campo de concentración y exterminio de Auschwitz, un complejo de tortura y muerte que los nazis crearon en la Polonia ocupada. Tal día como hoy, en 1945 y, pocos meses antes del final de la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Rojo liberó a varios miles de personas que se encontraban aún en Auschwitz, después de que 10 días antes los soldados del Tercer Reich iniciaran la evacuación del campo ante la inminente llegada del ejército soviético.

En este campo de concentración y exterminio, que estaba situado cerca de la ciudad de Cracovia, los nazis asesinaron a más de 1.000.000 de personas, el 90% de las cuales por el mero hecho de ser judías. Pero también asesinaron a homosexuales, gitanos y soldados polacos, entre otros colectivos. Los primeros militares soviéticos que llegaron a ese lugar maldito referenciaron el horror con el que se encontraron. Algunos de esos testimonios están publicados en multitud de artículos y libros. Un ejemplo es el de Iván Martýnuskin: ““Era difícil verlos. Recuerdo sus rostros, especialmente sus ojos que evidenciaban la trágica experiencia. Vimos gente torturada y desnutrida”.

Es totalmente incomprensible cómo puede haber seres humanos capaces de infligir tanto dolor, crueldad y suplicio a otros seres humanos. No llego a poder concebir tanta maldad, protervia y perversidad. El Partido Nazi inoculó el más terrible de los odios a millones de personas. El ejército de Adolf Hitler practicó un genocidio étnico, político y religioso que acabó salvajemente con la vida de millones de personas. Hoy se conmemora la Shoah, término hebreo para referirse al Holocausto, en Jerusalén. Más de cuarenta jefes de Estado y de Gobierno participarán en este acto de memoria. A pesar de la barbarie que se vivió hace 75 años, los líderes de las diferentes naciones aún siguen sin llegar a ponerse de acuerdo en cuanto a la pasividad/participación, o no, de sus respectivos países con respecto a las atrocidades nazis. Así, los dirigentes de varios Estados han rechazado asistir a una conmemoración que, por encima de todo, debiera de servir para que nunca más se repita una atrocidad que como aquella.

Puede resultar paradójico que fuera el Ejército soviético el que liberara Auschwitz, puesto que el régimen de Iósif Stalin en la Unión de Repúblicas Soviéticas también había ejercido el genocidio contra millones de personas, con las hambrunas (Holodomor) -sobre todo en Ucrania-, y con los gulags. Pero no hace falta retroceder tanto en el tiempo para horrorizarnos con el crimen sistemático. Genocidios modernos en fechas como el ejercido por las fuerzas serbio-bosnias contra miles de musulmanes bosnios en la región de Sbrenica en 1995, durante la Guerra de Bosnia. Un año antes, en Ruanda, el Gobierno hutu practicó también un genocidio calculado contra la población tutsi. Y, en la actualidad, los yihadistas siguen asesinando a miles de personas en lo que es, sin duda alguna, otro genocidio.

Si la violencia de por sí ya debiera ser algo inconcebible, el asesinato sistemático y el exterminio sistematizado de seres humanos es algo que tiene que abrirnos las entrañas y golpear nuestras conciencias para evitar que sigan produciéndose. Es completamente absurdo y malvado prejuzgar e, incluso, llegar a odiar a alguien por ser diferente. Ni el color de la piel, ni los sentimientos religiosos, ni la ideología política, ni la orientación sexual, ni la nacionalidad, ni nada, absolutamente nada, hace que una persona esté por encima, o por debajo, de su semejante. Como se suele decir, todos somos iguales en nuestra diversidad.

 

   

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