Contraportada, Monzón, Opinión

Un reto colectivo

Por Gonzalo Palacín

En los últimos días y a raíz de la emergencia sanitaria generada por la pandemia de coronavirus se está hablando y opinando mucho de nuestro sistema sanitario. En algunas ocasiones de manera formada e informada y en otras de una manera “coloquial”. Con este artículo no pretendo realizar un análisis exhaustivo del sistema ni juzgar la gestión de esta emergencia, simplemente quiero defender y reconocer el papel que está jugando el sistema sanitario –mención especial para todos los profesionales- en la contención de esta crisis y lo que supone para nuestra sociedad contar con este modelo sanitario.

Considero que tenemos la suerte de vivir en un país donde la sanidad es pública, gratuita y, de nuevo desde hace unos meses, universal. Además el nivel de calidad de nuestro sistema es elevado, como así lo reconocen numerosos estudios y clasificaciones internacionales que reconocen a nuestro sistema sanitario como uno de los mejores del mundo. Estos logros son fruto de décadas del trabajo de los profesionales sanitarios y del impulso colectivo que nos ha permitido llegar hoy mejor pertrechados para afrontar esta emergencia sanitaria. ¿Se imaginan lo que supondría afrontar esta crisis con un sistema público de salud “recortado” y fiando gran parte de la solución a la iniciativa privada?

Nuestro sistema sanitario es un bien colectivo y a todos nos compete protegerlo y defenderlo. Porque cuando este episodio pase, que pasará, volverán las voces que exigen recortes defendiendo la eficiencia de lo privado frente a lo público. Y aquí quiero recordar que nuestro país cuenta con el tercer sistema sanitario más eficiente según un informe elaborado por Bloomberg, resultado obtenido gracias al carácter público y modelo competencial que nos hemos dado. Y es llamativo escuchar y leer que los que siempre reclaman minimizar el peso de Estado en nuestras vidas hoy exijan la máxima intervención estatal contra el coronavirus. Es algo a lo que los neoliberales nos tienen acostumbrados, lo de que el mercado se autorregula hasta que llega una crisis (económica, sanitaria, climática…) que es cuando reclaman mayor implicación y esfuerzo de las administraciones.

Es evidente que las decisiones de salud pública ante las crisis son complejas y que se deben tomar en el momento adecuado debido al enorme impacto que tienen sobre la vida de las personas afectadas. Y en este caso como en otros, las decisiones políticas deben seguir siempre los criterios técnicos de los expertos. Además en un escenario de crisis global, las medidas deben estar coordinadas, ya no sólo por todos los niveles de la administración, sino que países y organismos internacionales deben orientarlas en la misma dirección e intensidad.

Como he indicado en el inicio del artículo, no voy a valorar la gestión realizada hasta el momento pero sí que quiero mencionar al Director General de la Organización Mundial de la Salud que hoy mismo ha reconocido positivamente cómo se está afrontando la crisis del coronavirus en España. No podemos ser autocomplacientes, como todos podemos intuir las consecuencias sociales y económicas de esta crisis serán importantes, contundentes pero también transitorias.

El impacto final de la crisis también dependerá de nuestro comportamiento individual. De hecho en un análisis publicado por la revista The Lancet y encabezaro por el epidemiólogo británico Roy Anderson determinaba que “El comportamiento individual será crucial  para controlar la propagación de la Covid-19.” Es más, apuntaba que “En las democracias occidentales, las acciones personales, más que las acciones gubernamentales, podría ser lo más importante.” Por lo tanto, será fundamental que las obligaciones y recomendaciones emitidas por las autoridades sanitarias sean tenidas en cuenta para poder controlar la pandemia lo antes posible. Si bien es cierto que en ocasiones a los ciudadanos de nuestro país no se nos ha calificado de prudentes o responsables, pero creo que quien lo ha hecho se equivoca. Y ahora es el momento de practicar un patriotismo bien entendido; cooperando, colaborando, mostrando solidaridad y respeto por nuestras instituciones y vecinos. Tiempo tendremos de volver a exagerar nuestras diferencias aunque sea sin argumentos, de exacerbar conflictos ya superados o dividirnos por cuestiones que en muchos casos no tienen la importancia que realmente les damos. O podríamos intentar verlo de otra manera. Que el reto que tenemos que afrontar, que esta prueba de convivencia, de solidaridad y de responsabilidad nos permita salir de ella más reforzados.

Se suele decir que en las situaciones complejas es cuando el ser humano saca lo mejor de sí y por qué no aprovechar esta crisis para avanzar como sociedad en mayor cohesión social y más defensa de lo público. Esta reflexión puede resultar ingenua pero yo siempre he defendido que son más las cuestiones que nos unen que las que nos separan. Y creo que el espacio público debe ser un marco de respeto común donde todos podemos convivir con respeto y avanzar en los asuntos que nos hagan mejores en lo particular y en lo colectivo.

Y puede resultar complicado teniendo en cuenta de dónde venimos. En los últimos años hemos estado sumidos en una dinámica de confrontación y división fomentada también por determinados partidos políticos pero tenemos ejemplos de que pueden iluminar este camino. El modelo competencial de nuestro país hace que estos días veamos gobiernos de uno y otro signo colaborando y actuando de manera conjunta para favorecer el bien común. Sería deseable que este nivel de coordinación, prudencia y respeto institucional pudiera ser extrapolable a otro tipo de políticas. Pero creo que debe ser la sociedad con su ejemplo la que marque el camino a los líderes políticos, pasar de la confrontación a la colaboración.

Como podemos intuir, las consecuencias de esta pandemia serán serias y contundentes pero también transitorias y de todos depende salir más reforzados.

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