"Siendo conocedores, al cabo de tantos años, de estos parajes singulares, no dudamos en acceder a la fuente que suministra el caserío de San Pelegrín".
Fue cuando recuperábamos la cabañera en su tramo más genuino cerca de Radiquero, el momento clave en que uno de mis compañeros, Javier, nos lanzaba provocadoramente el reto más inesperado: Subir al Mesón de Sevil. No sé si será porque Javier, al igual que Fernando, son de Monzón, que es tierra de deportistas tan audaces como, en mi opinión, “plenos de madurez” y esta propuesta suponía añadir un “Tourmalet” a este singular Tour del Somontano, pero nos veíamos los tres pedaleando pensativos y sopesando el tamaño del envite. Como nuestro objetivo era pasar una jornada completa y esto no siempre se puede hacer, junto a Radiquero nos miramos unos a otros y decidimos encarar la subida a San Pelegrín en dirección al Mesón de Sevil.
"Llenamos todos los bidones con agua fresca a la vez que compartíamos lo que nos quedaba de alimento".
Tan solo nos quedaban algunas barritas energéticas y el problema principal era la falta de agua. Siendo conocedores, al cabo de tantos años, de estos parajes singulares, no dudamos en acceder a la fuente que suministra el caserío de San Pelegrín y llenamos todos los bidones con agua fresca a la vez que compartíamos lo que nos quedaba de alimento.
Conocíamos sobradamente la ascensión al Mesón y por eso la encarábamos con pedaleo cadencioso y prudente. El cansancio acumulado aconsejaba utilizar los piñones y platos convenientemente acomodados a unas rampas a las que temíamos tanto como al sol abrasador de las cuatro de la tarde. Quedaba aún
"Poco a poco, llegamos hasta el mesón de Sevil, nuestro elevado destino, rondando los mil metros sobre el nivel del mar".
una última sorpresa y fue comprobar que tras unas recientes obras de acondicionamiento se habían hormigonado los tramos de roca más duros de la subida. Quizá este detalle nos dio ánimo y poco a poco llegamos por separado los tres hasta nuestro elevado destino, rondando los mil metros sobre el nivel del mar. Frente a nosotros , hacia el sur, se extendía toda la llanura que habíamos atravesado desde Berbegal. Estábamos contentos, nos quedaba un descenso vertiginoso hasta Alquézar y allí, tras tomar un café, continuábamos por carretera hasta Barbastro.
Habían sido casi 100 km los recorridos durante nuestro particular Tour y la sensación de plenitud y
"Frente a nosotros , hacia el sur, se extendía toda la llanura que habíamos atravesado desde Berbegal".
satisfacción por cumplir un reto planteado fue el mejor premio a nuestro esfuerzo.
"Nos quedaba un descenso vertiginoso hasta Alquézar y allí, tras tomar un café, continuábamos por carretera hasta Barbastro".
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