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Cultura, Huesca

Pirineos Sur calentó la fría noche del sábado en Lanuza

Prensa Pirineos Sur. La noche prometía. Las dos primeras jornadas del Festival contaron con protagonistas con un muy alto nivel artístico que cautivaron al público asistente la única queja que se podría achacar, quizás, fuera las bajas temperaturas padecidas. El cartel previsto prometía. Una visión del Atlántico Negro desde las dos orillas: Estados Unidos y Suecia. Dos maneras de concebir las músicas actuales con miradas contrapuestas. La temperatura ascendió una quincena de grados notándose en el ambiente. Poco a poco el público fue llegando a las nuevas instalaciones del Auditorio Natural de Lanuza que registró una entrada muy superior a la prevista por la organización.

La noche del lunes estará dedicada al Hip hop.No había anochecido del todo cuando sonaban los primeros acordes de Cirkus Featuring Neneh Cherry. Bastaron muy pocos minutos para comprender que este circo musical iba a revolucionar a los exploradores de nuevos registros sonoros. «Laylow» (2006) es el título de su primer disco y fue la canción elegida para abrir la noche. Debut discográfico en un minúsculo sello discográfico que pese a la mínima promoción realizada poco a poco ha ido prendiendo en las mentes musicales más inquietas. Neneh Cherry es su imagen carismática, dentro y fuera del escenario. La antigua componente de The Slits, la banda más emblemática del punk femenino de los setenta, cautiva con su presencia y su manera de interpretar. Pero no es solo ella. A su lado Matt Karmil, más conocido como Cameron McVey, responsable de unas bases musicales que constituyen las arterias y el corazón del grupo. Es uno de los grandes responsables del desarrollo de Bristol Sound y productor de algunas de sus bandas más reconocidas: Massive Attack, Tricky, Sugarbabes y Portishead. Junto a ellos Lolita Moon, a los teclados que se atreve a ser la voz principal en algunos de los temas, Liam Hutton Mark Nicholls y Burt Ford. Música envolvente, atmosférica, vaporosa con guiños al hip-hop, dub y soul. Una docena de temas que deleitaron e hicieron disfrutar a una buena legión de bailadores incondicionales.

Después cambio tercio y viaje a la mítica Nueva Orleans. Los componentes de «Dirty Dozen Brass Band» habían disertado sobre las raíces de la música de Nueva Orleans en la rueda de prensa ofrecida a los medios de comunicación acreditados en el festival. Cercanos y divertidos, hablaron de las múltiples influencias de su música, tantas como los gustos individuales de sus componentes y como las culturas que arribaron en su ciudad a lo largo de la historia.

Franceses, españoles y británicos se la repartieron durante siglos y ellos supieron hacer de la necesidad virtud para apropiarse de lo mejor que tenían los colonizadores de turno. Así se explica el magma de sonidos y estilos que han nacido en Nueva Orleans y la primorosa versatilidad de sus músicos, auténticos talentos que transitan con naturalidad desde el jazz hasta el funky, pasando por el cajun, el zideco, el pop e incluso el rock.

La noche del sábado los «Dirty Dozen Brass Band» volvieron a demostrar que en el ADN de los ciudadanos de Nueva Orleans existe una extraña molécula que activa unos sentidos especiales para hacer música. Lo decían ellos mismos; en la ciudad del Mississippi cualquier niño de cinco años ya sabe tocar un instrumento. Ellos tienen unos cuantos más y al talento han unido una experiencia formidable, que les permite engrasar sobre el escenario una maquinaria perfecta que desprende un sonido tan magistral como demoledor. En el pantano de Lanuza estuvieron el sábado los espíritus de Louis Amstrong, Fats Dominó Marvin Gaye e incluso el recientemente fallecido Michael Jackson, al que dedicaron el último tema. «Dirty Dozen Brass Band» no hace honor a su nombre; sencillamente porque son mucho más que una brass band. En realidad lo que ofrecieron en Lanuza fue un concierto de funky en toda regla sazonado con pequeñas dosis de jazz tradicional.

Un homenaje a Nueva Orleans con todo lo que tiene que tener un buen fiestorro: músicos talentosos, sentido del espectáculo, tablas sobre el escenario y una pasión intacta que hace que cada concierto parezca que vaya a ser el último.La noche prosiguió durante horas en la discoteca étnica. Muchos asistentes comentaban en su retirada que el cartel artístico de este año es de los mejores, seguramente porque solo se cumple una vez dieciocho años.

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