Peralta de Alcofea, Sociedad

Peralta de Alcofea despide a su párroco tras 25 años de ejercicio

José María Peralta junto a su hermana. Foto R.S.El sacerdote José María Arnal tomó posesión el sábado en su nuevo destino eclesiástico, la iglesia de la Encarnación en Huesca. Pero un día antes, sus parroquianos de Peralta de Alcofea, localidad donde ha ejercido su trabajo pastoral junto a El Tormillo, Lagunarrota, Lacuadrada y Torres de Alcanadre, durante veinticinco años le brindaron un emotivo homenaje.

La iglesia parroquial de Peralta de Alcofea se quedó pequeña para escuchar la última misa de monsén José María y para mostrar el cariño y afecto de los vecinos de esta localidad somontanesa.

A lo largo del servicio religioso se hicieron varias lecturas por parte de algunos fieles como la alcaldesa de Peralta Obdulia Gracia que leyó un texto muy significativo de agradecimiento y reconocimiento a mosén José Maria en nombre de todo el municipio. La alcaldesa glosó el buen hacer de este párroco tanto en su ayuda a los vecinos, como en la participación en los momentos cruciales de la vida de cada uno de ellos, su estrecho contacto con jóvenes y personas mayores, el mantenimiento de las tradiciones como la procesión del Santo Entierro, las mejoras acometidas en el templo y las obras de caridad hacia los Hermanos de la Cruz Blanca, entre otras.
«No nos olvidamos de los valores que nos has trasmitido, cuidando y mimando a tu madre, junto con tu hermana María Jesús, en estos tiempos de prisas y egoísmos que padece nuestra sociedad actual. Es por estas cosas y por muchas más que los vecinos y vecinas de Peralta te pedimos que no nos olvides, que reces por nosotros, que seguro que Dios a ti te escucha. Por último, te deseamos junto con tu hermana, seas muy feliz, porque estamos seguros que tú, sí que harás feliz a todo el que se cruce en tu camino», afirmó la alcaldesa.
Emotivas fueron también las palabras de los jóvenes del pueblo que citaron a Marcos 11, 42: «Los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y los grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidos, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

Los jóvenes tuvieron unas emotivas palabras. Foto R.S.Los jóvenes lamentaron la marcha de su párroco en su lectura de despedida. «Se nos acusará de torpes y mezquinos, nos dirán que somos egoístas, acostumbrados a la rutina cotidiana de una vida vulgar transcurrida entre los afanes de un pueblo pequeño, sorprendidos por quien habla bien, quien hace el bien, quien está en la boca de todos y en la necesidad de tantos. Sabemos que el Hijo del hombre hubo de ser entregado en manos de los hombres y, aunque no entendimos por qué, no tuvimos miedo de preguntar pero no obtuvimos clara respuesta», afirmaron.

Y también destacaron las cualidades de mosén José María Arnal y el beneficio que ha aportado a la comunidad. «No es fácil encontrar palabras para expresar lo que has significado para tanta gente, cientos de «corazones», como a ti te gusta decir, llenos de ese cariño que nos has dado. Mateo nos dijo «Aprended de mí que soy manso y humilde ce corazón» (Mt. 11,29) y es precisamente eso lo los habitantes de peralta hemos aprendido de ti. Trataremos de no llorar tu marcha sino celebrar tu estancia, por lo que no será un «adiós» sino un «hasta siempre» y entre nosotros tendrás tu casa y tus amigos, tu gente», afirmaron.

Al final de la misa se entregaron varios regalos al sacerdote y a su hermana María Jesús, que le ha acompañado a lo largo de estos años como párroco de estas parroquias, así como su madre, recientemente fallecida.

Tras la fiesta religiosa, los más de 200 asistentes se dirigieron al salón del pueblo recientemente reformado para degustar un vino aragonés y dar así por finalizados los actos de despedida que con gran cariño habían preparado los vecinos para despedir a su párroco después de casi 25 años en estos pueblos.

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