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Barbastro, Deportes

Pirineos catalanes con alforjas y… a pedales. 5. Bocadillos que suben montañas.

Tras pasar la noche en Sant Pau de Seguriès, volvimos a salir la mañana"Arriba todo eran pastos, mucho ganado que a veces no duda en aprovechar el único refugio que hay en la zona, el del Pla de Satlla". (Pedro Solana). siguiente en ayunas para llegar a Camprodón y parar allí a desayunar y aprovisionarnos de comida.

Un buen bocadillo tomado en un bar montañero llamado El Canigó nos ayudaría a  coronar el alto llamado Collada Verda, que el GPS nos situaba por encima de los 2000 m.  tras un ascenso de 20 km.  Arriba todo eran pastos, mucho ganado que a veces no duda en aprovechar el único refugio que hay en la zona, el del Pla de Satlla."Aún nos quedaba otra subida, al principio asfaltada pero durísima, con una pendiente del 20% hasta Vilamanya" (Pedro Solana).

Una vez coronado este puerto, descendimos a Ribes de Fresser y allí comimos otro bocadillo. Menos mal, pues aún nos quedaba otra subida, al principio asfaltada pero durísima, con una pendiente del 20% hasta Vilamanya para continuar por pista pedregosa y al fin descender a Planoles.

En este final de la tercera etapa quisiera dar la referencia de las notas de Diego en las que en las cinco primeras etapas siempre habla de «etapas duras», todas de 70 km , excepto la primera ( alargada opcionalmente a los 100).

En Planoles decidimos hospedarnos en un albergue de la Generalitat lleno de críos bulliciosos que disfrutaban de las colonias de verano. Nos adjudicaron una habitación  grande de siete literas a nuestra total disposición, por lo que nos pusimos a revisar todo el equipaje y aprovechamos para hacer la colada y tender la ropa.

Sólo habíamos contratado  pernocta y desayuno pues esta noche había planes de bajar a cenar a Ripoll. Diego había contactado con una amiga de la infancia con la que coincidía en sus veraneos familiares en la costa brava. Se trata de Ana, que nos vino a buscar en su coche y nos llevó a su casa, donde conocimos a su marido Xavi y a su hijita."En este final de la tercera etapa quisiera dar la referencia de las notas de Diego en las que en las cinco primeras etapas siempre habla de “etapas duras “, todas de 70 km , excepto la primera, alargada opcionalmente a los 100" (Pedro Solana).

Fue una cena estupenda a base de embutidos, quesos y pan tomaca. Durante la velada continuamente surgieron las inevitables idas y venidas en busca de recuerdos y evocaciones mutuas de territorios y aventuras ya vividas, algunas de las cuales tenían hechuras de verdaderas batallas libradas contra la enfermedad,  siendo casi hazañas por el resultado de haber restablecido la salud a fuerza de perseverancia.

La imagen de este joven matrimonio con su hija me recordaba a mí un pasado no muy lejano. Como en otras ocasiones, y no sólo por gratitud, hicimos el ofrecimiento para que vinieran al Somontano.

Ana, sabedora de que nuestra siguiente etapa acababa en Bagà, nos puso en contacto con su madrina Conchita, que sería nuestra anfitriona en su casa de turismo rural al día siguiente."Diego había contactado con una amiga de la infancia con la que coincidía en sus veraneos familiares en la costa brava" (Pedro Solana).

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