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Barbastro, Deportes

Pirineos catalanes con alforjas y… a pedales. 7. Un puré caliente.

Pedro Solana (Barbastro). Ya metidos en la quinta etapa y , quizá a causa  del completo desayuno servido en el Casó del Molí , pasamos de largo por Bagà sin comprar nada para comer y esto luego nos pasará factura como  si de un error se tratara. De esta jornada hay alguna imagen captada al acercarnos a "De esta jornada hay alguna imagen captada al acercarnos a Gliscareny y del ascenso por la bonita pista boscosa" (Pedro Solana).Gliscareny y del ascenso por la bonita pista boscosa que nos  eleva hasta el  collado de Bena (1420 m.). Parece que ya hemos cogido cierta altura  pero no, aún estamos en la última de esas cinco etapas duras que desde el comienzo de esta travesía  parecen no dar tregua a estos aventureros, un día sí y otro también resignados a continuar  sin consultar el perfil de la etapa, al menos el que no maneja el GPS , y éste soy yo mismo, viviendo cada día algún que otro desengaño por la crudeza del recorrido.

La realidad es que la pista abandona el bosque cerrado para dar paso a un gran valle donde observamos a nuestra izquierda la mole del Pico Pedraforca con sus agrestes cortados que hacen de él un lugar mítico para los escaladores catalanes.

Tras llegar a otro collado, el de Bauma (1760 m.) ahora sí se divisa a lo lejos el collado más alto, el de Torn, que ya ronda los 2000 m.

No queda más remedio que echar un vistazo al «fondo de saco» de las alforjas de Diego, donde conseguimos una barrita energética para cada uno.

En la salida final del collado Diego, como de costumbre, se adelanta. Él, evidentemente, lleva otro paso y es normal que cada uno adapte la marcha a su propio ritmo. No sólo es normal, es muy recomendable y  aceptado entre los ciclistas.

Los últimos zig-zag se hacen interminables. Es mejor, en mi caso,  desmontar en algunos tramos y ,además, se ha desatado una ventolera muy grande, tanto como su frescor, que al coronar invita a abrigarse.

Diego  esperaba en el mismo collado y me propone tomar un puré caliente. Yo pensaba que había que prepararlo y le contesté que para evitar el viento mejor  perder altura hacia la otra vertiente. Ni siquiera paré, quizá un poco malhumorado por la acumulación de cansancio, frío, hambre… En fin, que prefería  descender y buscar un lugar más protegido. Al llegar al collado del Collel decido esperar a Diego pues no se ve muy claro el camino a seguir. Él, cuando llega consulta, su GPS. Abandonamos la pista e iniciamos  un descenso trialero por el barranco de Cerneres. Este es la dificultad que marcaba la guía y que nos obliga incluso a desmontar en algún tramo de esta barranquera en la que nos concentramos y,  hasta cierto punto, disfrutamos.

Yo no paro de preguntarme qué pasa con el puré caliente. No sabía que ya estaba hecho cuando llegué a Torn. En ese momento lo rechacé y a Diego no le quedó más remedio que comérselo y continuar, pues yo  no había querido parar.

Según descendíamos hasta el puente de Cerneres apareció una carretera asfaltada y  sin tráfico, lo que nos anima a bajar «a tunda abierta» hasta Tuixén. Aquí decidimos comer algo y, tras preguntar en un restaurante, decidí  no aceptar un menú  donde se nos cobraba la bebida aparte. En otro bar nos servían pan con tomate y jamón y lo aceptamos. Ofrecían en la televisión un ascenso pasado por agua en el Tour de Francia y comíamos en silencio, como si sobrevolara  en el ambiente el malentendido de Torn. Permanecíamos en silencio cuando continuamos el camino de bajada hasta el puente sobre el río Josa, y después seguimos bajando hasta un lugar llamado La Barceloneta.

Más tarde,  ascendíamos de nuevo por una pista con pendiente suave e  inmejorable hasta el collado d’Arnat ( 1280 m ). Fue en esta subida donde se aclaró el malentendido y donde me di cuenta  que debía haber dialogado un poco con mi compañero en lo alto de aquel infausto collado.
 
Bueno, esta etapa larga y costosa se acabó con un descenso largo en medio de un bosque hasta  Castellar  de Tost , pueblo ganadero donde encontramos  otro descenso de asfalto hasta cruzar la carretera de La Seo d’Urgell, muy transitada por todo tipo de vehículos y de la que por fin nos desviamos para llegar a Noves de Segre.

En este pueblo, fin de la quinta etapa , nos costó lo indecible encontrar alojamiento y comida para preparar la cena. Todo se solucionó  con hábiles gestiones, sobretodo de Diego y, por fin, encontramos un apartamento privado, ya que no estaba declarado como vivienda de turismo rural, pero que nos sale muy bien de precio.

Con cuatro cosas compradas en la única tienda del pueblo y con un poco de pan que nos traían de un bar hicimos una estupenda cena y ¡a dormir!, no sin tener que recurrir, al menos yo, al repelente de mosquitos para poder relajarme y a la vez protegerme  de estos molestos invasores. Ha sido un día muy duro y el cansancio facilita caer en un sueño profundo y reparador.

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