Barbastro, Huesca, Opina, Opinión

No se ofenda… presidente

Faltan pocas horas para participar en la elección del próximo Parlamento. Por fin, y tras cuatro años, tendremos la palabra. Al menos en mi caso, se han hecho muy largos. Como el resto de españoles, me refiero sobre todo a quienes no pertenecemos a ningún partido, he asistido a un sinfín de acontecimientos políticos ante los que sólo me decía con resignación:- “Ya llegará el momento de votar”.

Hemos visto derrumbarse multitud de disposiciones, acuerdos y convenios laborales que hasta esta legislatura nos hacían sentir vivos e integrados en la sociedad instaurada ya hace unas cuantas décadas al votar la Constitución. No sé si éramos clase media, alta o baja pero éramos capaces, a través de nuestro trabajo y su remuneración, de sentirnos con la suficiente libertad para soñar e incluso hacer real alguno de esos sueños, más bien modestos, como disfrutar un fin de semana en la playa en verano o cambiar el viejo televisor por uno de plasma.

No hemos podido hacer nada, ni los ciudadanos ni los políticos de la oposición, por evitar que leyes aprobadas por aplastante mayoría absoluta modificaran el mercado laboral, la educación , la sanidad, las pensiones y tantas otras garantías de ser al menos un poco libres, sin que quienes reformaban nuestras vidas sintieran el más mínimo escrúpulo o remordimiento, más bien al contrario ,mostraban su habitual desfachatez y prepotencia.

Desahucios, embargos, pobreza energética… ¡Pobreza de la más dura…! ,que obligaba a antiguos y normales ciudadanos, como cualquiera de quienes leáis esto, incluso a cobijarse debajo de un puente e ir a Cruz Roja o Cáritas para poder comer un bocadillo.

Al final de esta legislatura, somos ya un sesenta por ciento, sobre el total de la población de este país, de ciudadanos que hemos visto mermar derechos y nuestra capacidad adquisitiva si no la mismísima ruina. Sí, derechos tan fundamentales como las ayudas a la dependencia, a las becas para acceder a una Universidad con aumento de precios en sus matrículas, a un subsidio de desempleo debidamente cotizado como también a unas pensiones dignas y actualizadas, porque ninguno de los dos son un regalo, ya que han sido financiados por las cantidades deducidas previamente del salario bruto durante meses, años o toda una vida.

Creo que podría continuar escribiendo abusos, afrentas y desprecios hasta la saciedad e incluso hasta que alguno de ustedes, compañeros lectores, abandonaran cansados la lectura de este artículo diciendo …:¡-Bah , más de lo mismo…! .

Pero hete aquí que conforme se acaba esta campaña electoral hemos sido testigos de entrevistas en periódicos, radios y debates en televisión como los de estos dos últimos lunes. El clásico debate a dos del pasado lunes 14 de diciembre, tan tradicional en nuestra democracia, al menos para mí, supuso un cierto alivio gracias a que alguien tuvo la única oportunidad y los arrestos suficientes para enumerar al presidente del Gobierno parte, o incluso más aún, de las reformas y escandalosas afrentas a la dignidad de los ciudadanos con las que casi os cansaba hace un párrafo y que han hecho de nosotros gente apesadumbrada e indignada. Sentí alivio, pero también estupefacción y rabia cuando quien recibía la andanada de verdaderas afrentas sufridas durante estos últimos cuatro años se atrevía de negarlo todo, a presumir sin tapujos sobre una gestión afortunada para la economía española, y desde luego sin aceptar que la corrupción más desnuda y desvergonzada fuese nunca motivo suficiente para su dimisión.

Creo que fue en el momento en que añadió el representante socialista, Pedro Sánchez, en sus ataques la falta de decencia del presidente cuando se rompió el frágil equilibrio y se desencadenó la ira de Mariano Rajoy, quien presumía de honorabilidad y honestidad a raudales, pero eso sí , impidiendo a su contrincante continuar ya con la retahíla de acusaciones que todos hubiéramos querido también echar a la cara de quien ha causado tanto sufrimiento y exclusión.

Como ya le pasó a nuestro querido y llorado José Antonio Labordeta en una intervención parlamentaria, la opción del insulto fue una consecuencia inapropiada en medio de un agrio debate pero un recurso más para contestar a quien no admite la cruel consecuencia de su desatino. Así que… no se enfade tanto señor presidente porque de muchos españoles quizá hubiera oído este insulto…o…, puede que algún otro calificativo más grueso.

 

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