Huesca, Opina, Opinión

Feliz Navidad

img_05Entre tantos acontecimientos que nada contribuyen a nuestro bienestar mental, desde aquí damos gracias a la llegada de tan esperadas fechas que harán que el olvido temporal cumpla su función. Entre víctimas dentales por la dureza del turrón, villancicos, cantos satánicos y el empacho de comida y bebida, conseguiremos crear una franja de inconsciencia voluntaria.

El día en el que toca prepararse las uvas, recurriremos al famoso balance de Mecano y nos percataremos del desastroso año que hemos tenido. Atentados terroristas, corrupción, crisis, falsas promesas, elecciones y un buen gancho en el último momento desaparecerán con la duodécima campanada. Menos mal. No sabía hasta qué punto íbamos a llegar con tanto estrés y tanta deuda.

Es curioso. Un límite imaginario nos permite cargarnos las pilas de esperanza y positividad, con la ilusión de que la llegada del nuevo año cambie algo en nuestras vidas. En realidad, lo más cerca del cambio que vamos a estar será el 20D en el que dicen que es el pueblo el que elige y toma las riendas de algo que el resto del año sufrirá. Aseguro que algún alma absorbida por lo que llaman “espíritu navideño”, embriagada de felicidad y calor hogareño, se olvidará de la importancia de la que presume ese día.

Pero qué más da. Es Navidad, no hay nada que un buen regalo y la sonrisa de un niño no cure. Papá Noel se encargará de juzgar a los buenos y a los malos, no os preocupéis. Si sabéis guardar el secreto, os contaré que un pajarito me ha dicho que entre los miles de paquetes que Papá Noel guarda en el saco, tiene unas estupendas gafas, un coletero talla XXL, el espejo más grande que nunca habéis visto, pero sin gráficos y para que desaparezcan los rumores, un curso antidrogodependencia. ¡Ah, me olvidaba! También tiene unos polvos que en vez de invisible, te vuelven visible, para todo aquel que siempre se quede fuera de los debates. Ya lo veis, piensa en todos nosotros.

Así que sed buenos, al menos estos últimos días y quizá entre tanto regalo haya algo de empleo a repartir, algo de servicios sociales, menos impuestos, algo de recuperación económica y nuestro querido Estado de bienestar. Pero no se dejen engañar, Papá Noel no lleva traje y corbata, así que no esperen nada de alguien que no lleve traje rojo, barba blanca y por último, pero no menos importante, gafas.

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